Lunes. 27.03.2017 |

La magia del convento de San Francisco el Real

La magia del convento de San Francisco el Real
En pleno centro de Salamanca, al alcance de todos pero conocido por pocos se encuentra el Convento de San Francisco el Real. Construido en el siglo XIII fue una de las iglesias más grandes de Salamanca, por su tamaño y por su gran extensión. Además, fue polvorín de los franceses y más tarde una carbonería, por la cual aún se mantienen negras las paredes de las ruinas de este edificio. 
 
Concretamente, San Francisco el Real se construye en 1241 por orden del Infante Don Fadrique, hijo de Fernando III, aunque los encargados de regentarlo eran los monjes franciscanos. Estos frailes usaban este templo para la predicación, ya que una de sus características era que en todas las ciudades se ubicaban en los núcleos urbanos de las ciudades. 
 
Gracias a sus grandes dimensiones, esta iglesia fue la encargada de acoger los grandes capítulos celebrados en Salamanca, llegando a reunir a tres mil religiosos entre estas paredes. Además, la extensión de terreno que ocupaba este convento, también, era muy amplía. El Convento de San Francisco el real ocupaba parte de la calle ancha  llegaba hasta Fonseca,  así como la calle Ramón y Rajal, y los jardines del Campo de San Francisco, situado justo enfrente. 

En la actualidad, aún quedan en pie, la capilla mayor y el pequeño ábside del sur puesto porque el del norte fue derribado para construir la actual capilla. Asimismo, las ruinas poseen bóvedas góticas de crucería sencilla y de abanico en la parte poligonal. Reutiliza los sillares en detrimento de los contrafuertes. El ábside pequeño todavía conserva pinturas góticas con temática ornamental y heráldica en los arco solios sepulcrales de la nobleza. Destaca un gran retablo piedra con cinco calles separadas por columnas sobre pedestales. Éste corresponde al siglo XVIII por los altos ventanales y los detalles de rocallas.

Pero al igual que le ocurre a muchos otros edificios salmantinos, esta iglesia pasó a convertirse en un polvorín de los franceses durante la Guerra de la Independencia. Una desafortunada explosión destruye el convento, convirtiéndola en ruinas, de las que una pequeña parte ha llegado hasta nuestros días, gracias  al cuidado de los monjes franciscanos, que son los encargados de su limpieza y mantenimiento.  

Una vez finalizada la Guerra de la Independencia, las ruinas se vieron muy afectadas por la desamortización, ya que al pasar a manos privadas, nadie se hizo cargo de estas restos, que se vieron víctimas del expolio. Aunque pasado un tiempo San Francisco el Real fue el lugar elegido para instalar una carbonería, lo que explica que algunas de sus paredes aún estén ennegrecidas. 
 
A diferencia de otras ruinas de edificios históricos, estas están bien conservadas y cuidadas por los monjes de la orden. Y aunque visitarlo no sea algo muy usual entre los salmantinos, los frailes franciscanos siempre se prestan para enseñar este tesoro. 
Comentarios