La festividad de la Virgen de la Cuesta ensalza la tradición serrana en Miranda del Castañar

La villa serrana ubicada en el corazón de la Sierra de Francia celebra la Natividad de la Virgen el 7 y 8 de septiembre exhibiendo en sus rituales el patrimonio cultural castellanoleonés. Indumentaria y orfebrería serrana, candiles y faroles, castañuelas, tamboriles y gaitas salmantinas utilizados por las mozas de ramo, danzarines, tamborileros o por la figura del ‘gracioso’ o ‘bobo de la danza’ son algunos de los elementos y personajes que ponen en valor la herencia de la región. Se trata de una festividad cuyo interés cultural, patrimonial y turístico la ha hecho merecedora de ser declarada bien de interés cultural
 

La celebración de las fiestas en honor a la Virgen de la Cuesta, que tendrán lugar el próximo 7 y 8 de septiembre en la villa serrana de Miranda del Castañar, constituye cada año un espectáculo cultural y turístico, capaz de mostrar la conservación de los elementos perdidos de la tradición castellanoleonesa.

La festividad comienza en el anochecer del 7 de septiembre, en la que la procesión de la Virgen de la Cuesta, cuya imagen es trasladada desde su ermita hasta la iglesia por las calles del pueblo a la luz de faroles y candiles de aceite crean una atmósfera especial en el municipio salmantino ubicado en la Sierra de Francia. Esta procesión, denominada familiarmente por los mirandeños "Las Vísperas", más conocida en la actualidad como ‘la de los candiles’, se desarrolla como un ritual alumbrado por múltiples candiles y faroles colgados de dos o tres órdenes de cordeles en las casas de las calles. El impresionante juego de luces y sombras que se crea permite resaltar la calidad de la arquitectura y el urbanismo mirandeño.

Mozos y danzarines, vestidos con indumentaria y orfebrería tradicional, componen la comitiva que acompaña a la Virgen bailando al compás de las castañuelas, el tamboril y la gaita salmantina, hasta dejarla hospedada en la iglesia parroquial de Santiago y San  Ginés con arcaicas canciones de despedida. Durante la procesión también interviene la figura de un "gracioso" o "bobo de la danza", reliquia del teatro español del Siglo de Oro. Un personaje singular, vestido con calzón serrano, cubierto con un vistoso tocado de plumas y empuñando una vejiga con la que golpea a los que obstaculizan el paso de los danzarines que van danzando por las calles delante de la Virgen, mientras toca unas enormes castañuelas.

La celebración de la Natividad de la Virgen encierra un ritual aún más complejo e intenso la mañana del 8 de septiembre en la que tiene lugar el ofertorio y los bailes populares. El ceremonial se desarrolla en la plaza de la iglesia parroquial y se inicia al amanecer con el último ensayo de los danzarines y mozas de ramo, antes de vestirse de galas serranas. Después de la misa mayor sale Nuestra Señora de la Cuesta al atrio de la parroquial para presidir la fiesta, llegando la comitiva de danzarines y mozas con canciones de salutación desde el altozano del Peso Real hasta los pies de la Virgen, donde da comienzo en primer lugar, la que se conoce como "La Danza" a los cuatro puntos cardinales. 

Seguidamente se inicia el parlamento del "gracioso" o "bobo de la danza"; sigue la relación de la moza de ramo, las de cada una de las seis mozas y las de los ocho danzarines que sirven ese año a la Virgen; a continuación tiene lugar la danza del cordón, los paloteos, la procesión cívica del ofertorio que se inicia en la puerta de la muralla conocida como de San Ginés y, finalmente, se lleva a cabo el ofertorio propiamente dicho y la subasta de las ofrendas. La jornada se completa por la tarde con un festejo taurino en la plaza de toros junto al imponente castillo de este conjunto histórico.