Viernes. 24.02.2017 |

CRÓNICAS ATLANTES

¿Existe magufolandia?

Ricardo Campo vigilando el cielo, según él mismo
Ricardo Campo vigilando el cielo, según él mismo
¿Existe magufolandia?
Salamanca 24horas

En las cosas de lo insólito, se ha permitido durante años y décadas, que cualquier inútil se haga abanderado de las falacias que cuenta, impregnando de fétida escoria informativa el trabajo que con dignidad y esfuerzos realizan otros en favor de la verdad. Entrevista con el filósofo e investigador Ricardo Campo Pérez

¿Sabemos realmente que significa la palabra equilibrio? Aquellos que hacemos divulgación, sea del tipo que sea, frecuentemente nos alejamos de él, escorándonos hacia uno lado u otro de la información. Y debo admitir sin que se me caigan los anillos, que aquellos que hacemos información de temas tan controvertidos, en muchas ocasiones tiramos mano del primer antifaz que encontramos y nos negamos a ver más allá de nuestra propia nariz. En las cosas de lo insólito, se ha permitido durante años y décadas, que cualquier inútil se haga abanderado de las falacias que cuenta, impregnando de fétida escoria informativa el trabajo que con dignidad y esfuerzos realizan otros en favor de la verdad, aplicando metodología y coherencia a su trabajo como divulgador. 

Favoreciendo ese equilibrio de pareceres y planteamientos, hace unos días he podido charlar largo y tendido con el filósofo e investigador Ricardo Campo Pérez, reconocido articulista que con su punto de vista crítico, académico y por qué no decirlo, en muchas ocasiones duro y directo, se ha convertido en un referente sobre estas temáticas y la visión más aséptica de las mismas. Autor del reconocido libro “Los Ovnis, ¡vaya timo!”, o de “Vida en el Universo, del mito a la ciencia”, Campo nos abre los ojos con auténtico sentido crítico, dejando al descubierto las vergüenzas de quienes basan sus planteamientos en fábulas y el negocio de la manipulación.

- ¿Es tan fina como dicen, la línea que separa a la ciencia de la pseudociencia? 
- La línea entre la ciencia y la pseudociencia la marca, en la práctica, los resultados que cada una obtiene observando cierto sector de la realidad y realizando experimentos que confirmen o desechen una teoría. Ciencias son la biología, la química y la física, entre otras. La historia y la sociología, por ejemplo, son ciencias humanas. Y la lógica y la matemática son ciencias formales. La psicología, que poco tiene que ver con su concepto popular, se considera que está a caballo entre las  dos primeras categorías, acercándose en su progreso a la primera.

Pseudociencias tradicionales como la parapsicología y la ufología no se rigen por un método científico válido (detección de un problema, presentación de soluciones hipotéticas y propuesta de predicciones comprobables), carecen de una idea clara de lo que es prueba, apelan a entidades sobrenaturales y suelen rehusar el debate con los críticos, encerrándose en unas cuantas ideas a menudo de carácter dogmático. Suelen hacer afirmaciones que rompen con siglos de conocimiento científico confirmado, así que la línea que las separa de la ciencia, entre otras razones, suele ser nítida. Por supuesto, tanto con la parapsicología como con la ufología –con los asuntos de que se ocupan- se puede hacer auténtica ciencia, pero esto es algo muy aburrido para personas que de antemano creen en supuestos poderes psíquicos, fenómenos paranormales y en visitas de extraterrestres a la Tierra, en abducciones y conspiraciones nunca demostradas.

- En algunas universidades del estado español, las temáticas del misterio se debaten abiertamente junto a las referidas a la Ciencia… ¿Por qué no ocurre lo mismo en la Universidad de La Laguna? 
- Hasta donde sé, esos debates consisten en cursos de extensión universitaria que no forman parte de los planes de estudios establecidos reglamentados y exigidos al estudiantado. Es decir, son propuestos, y en ocasiones organizados, por estudiantes que tienen un interés por cuestiones supuestamente misteriosas pero que no forman parte de una oferta oficial de formación. Pero no es cierto que en la Universidad de La Laguna no se hayan debatido estos temas abiertamente. Durante catorce años, de 2001 a 2014, la Universidad lagunera impartió un curso de extensión universitaria en el que yo mismo participé hablando de ovnis, de parapsicología y de la New Age, entre otros muchos otros temas de divulgación científica y creencias contemporáneas sobre presuntos enigmas abordados por diversos profesores e investigadores.

La orientación de estos cursos, de asistencia libre y gratuita, fue siempre crítica y racional, que es lo exigible en cualquier universidad. La universidad es lugar para el pensamiento crítico, para la sanísima crítica escéptica y para la difusión del conocimiento contrastado. No debe dar cabida a especulaciones sin fundamento y a la promoción de personajes como espiritistas, ufólogos “contactados” con extraterrestres y similares. No hay temas tabú ni prohibidos; lo que sí debe ser vigilado es cómo son abordados esos temas, que ya tienen bastante espacio en la sociedad como para que encima una universidad ampare a empresas del misterio que chocan con sus principios básicos.

- ¿Sobre el fenómeno OVNI se escriben historias o solamente historietas? 
- Las dos cosas, pero la mayoría de las ocasiones se trata de historietas de misterio gratuito, piezas de baratillo que no merecen el nombre de investigación porque están dirigidas a hacer cosquillas a las intuiciones de los aficionados, no a que lean con detenimiento la información y se lo piensen dos veces antes de darla por buena. A la inmensa mayoría de los aficionados les basta con esto: compran su revista mensual de misterios, la leen en parte, comentan para sí mismos “ya lo decía yo”, “era lo que yo sospechaba”, “que interesante esto que me cuentan de los alienígenas que ayudaron a construir las pirámides de Egipto”, “qué malvados estos científicos que ocultas todas estas verdades” y ya está, hasta el mes siguiente. 

- ¿Astrobiología sí, ufología no? 
- La astrobiología es una disciplina científica multidisciplinar que busca, mediante rigurosas herramientas científicas –las habituales- explicar o comprender el origen, la evolución y el destino de la vida en el universo. Podría decirse que su objetivo más inmediato es hallar evidencias científicas (que no son opiniones, sospechas, sensaciones o experiencias personales) sobre la existencia de vida sencilla y microscópica en alguno de los ambientes planetarios cercanos a la Tierra (Marte, Titán, Encélado). Pero la ufología no tiene nada que ver con la astrobiología, más allá del nivel mítico, es decir, la creencia en que existe vida inteligente en el cosmos, siempre antropomorfa, que nos ha visitado tantas veces que parece que somos el ombligo del universo.

La ufología mayoritaria es un sustituto de la religión y de antemano da por buenos esos relatos, anécdotas y fabulaciones. La astrobiología es una ciencia teórica y experimental, y en colaboración con ingenieros aerospaciales fabrica y manda sondas a Marte para hacer más ciencia a distancia. Lo que digan los ufólogos al uso le trae sin cuidado. Éstos ya han dictaminado de antemano que los seres inteligentes extraterrestres existen porque lo dicen ellos y quienes vieron una luz extraña en el cielo que tomaron por una “nave nodriza”.

Recomiendo a quien esté interesado en la posible vida extraterrestre que busque libros de biología, para tener una base teórica, y sobre astrobiología. La posibilidad de especializarse académicamente en astrobiología a través de la biología y la astrofísica también es posible, por supuesto. Pero, en cualquier caso, que se olvide de la ufología, de los ufólogos y del mercado de los misterios al respecto.  La ufología es un folclore; su mundo es un objeto de estudio tan respetable e interesante como cualquier otro para psicólogos, sociólogos, folcloristas y antropólogos, y cualquier otro investigador crítico que quiera comprender esta especie de leyenda urbana mundial en la que se dan cita sustitutos religiosos relacionados con seres superiores, la trascendencia y la defectuosa comprensión de la tecnología.

- ¿Es lo mismo ser escéptico que negacionista? 
- No reconozco la categoría de “negacionista” porque tal sería el que niega por negar o por desidia. Sería como negar la existencia de las ballenas o del planeta Venus. Esto es un absurdo que no merece mayor atención. Los ovnis existen en cuanto que son relatos, historias o versiones sobre supuestos fenómenos u objetos que no pudieron ser identificados por un testigo o varios. Y está claro que, de esto, hay muchos, miles. Otra cosa es lo que pueda haber tras esos relatos sobre cosas que no pudieron ser identificadas y a las que el testigo o un periodista aplicó la etiqueta ovni porque es lo usual.  

- Con total libertad… ¿todos los divulgadores del misterio somos vende humos? 
- Unos más que otros, creo que hay de todo. Seguramente una parte cree honradamente en lo que hace sin pretender sacar rédito económico como primer objetivo. También hay divulgadores del misterio escépticos, como Luis Alfonso Gámez en España o Robert Sheaffer y Benjamin Radford en Estados Unidos, a los que aprecio por su labor. Ser divulgador del misterio no conlleva necesariamente “vender humo”, aunque suele ir asociado de manera más o menos consciente o intencionada.

- ¿Hasta dónde es perjudicial la divulgación sobre temas pseudocientíficos? 
- Es perjudicial en tanto que la inmensa mayoría de las ocasiones la divulgación de esos asuntos se hace de manera acrítica, crédula o sensacionalista, sin llevar al lector una visión crítica o escéptica para que pueda formarse una auténtica opinión. La información aparece con frecuencia coja y retocada, no sea que la gente dé un respingo como cuando un fulano pretende venderles un reloj estupendo bañado en oro por 40 euros en una calle comercial.

- Yo mismo he podido comprobar a lo largo de estos años, como en la divulgación del misterio anidan cientos de patrañas con patrocinio y denominación de origen. ¿La mayor estupidez divulgada sobre estas temáticas? 
- No sé si son estupideces o simplemente historias cultivadas para un público predispuesto. Hay unas necesidades emocionales –antes se diría espirituales- y un mercado que las satisface. Las necesidades religiosas, que siguen estando presentes y lo seguirán estando mientras haya seres humanos en el planeta, se han transformado en una parte significativa desde el último tercio del siglo XIX, aproximadamente, en afán por el crecimiento personal y en ayuda psicológica a través de múltiples corrientes más o menos científicas.

La divulgación mayoritaria de temáticas como la ufología, la parapsicología y la astroarqueología (ETs en la antigüedad) cumple también una labor religiosa, ya que se nos habla de otros mundos más evolucionados que el nuestro o de capacidades sobrenaturales que anidan en nuestros dormidos cerebros (que, por supuesto, no están dormidos y son usados al 100% cada día por todo el mundo). Quizá la historia más absurda divulgada, en mi opinión, es la visita de una nave de Urano a la playa tinerfeña de La Tejita en 1975. También estuvo implicado previamente un ordenador del mismo planeta y unos científicos de Saturno con malas intenciones, al parecer. Una abducción y unas cuantas fotos borrosas y ridículas completan la historia, de la que fue principal protagonista el periodista y contactado Francisco Padrón.

- ¿Qué opinión tiene sobre los medios de comunicación que, con dinero público, fomentan la divulgación de lo “insólito”? 
- Mi opinión sobre ese aspecto concreto es mala. Los medios públicos  deberían al menos dar espacio a otros formatos u opiniones en los que se ofrezca una visión escéptico-crítica de esos temas. Su objetivo primordial no es la rentabilidad económica, así que la ausencia de contrapartidas firmemente basadas en la racionalidad y la puesta a prueba de afirmaciones extravagantes es indicio de indolencia o irresponsabilidad. Desde un punto de vista más personal, creo que si un director o responsable de contenidos directamente suprimiese esos programas el mundo no perdería gran cosa…

- ¿Existe magufolandia? 
- Sí, es un género, una especialización periodística que puede ser rentable, aunque necesita reciclarse en sus temas clásicos y hallar nuevos nichos que explotar. El término magufo (un término un poco raro, peyorativo y semi-exitoso que fusiona magia y “ufo”, ovni en inglés) se refiere a quienes fomentan estas historias sin sentido crítico y se lucran con ello, no a quienes simplemente consumen el producto porque creen en esas ideas y especulaciones de antemano y necesitan periódicamente su dosis.

Magufolandia es un terreno con provincias localizadas en las salas de reuniones de las revistas mensuales de misterios, en las que utilizan algunos productores y presentadores televisivos y en las de las editoriales que publican libros del género, en España y en todo el mundo. Hablan de misterios, maravillas y sucesos anómalos, pero en realidad quieren decir producto, ventas y balance empresarial. Sus comerciales, por la mañana, después de lavarse la cara, se escriben en el dorso de la mano con un boli un recordatorio diario: “Desconocemos su origen, luego son extraterrestres”.

- ¿Cree que existe algo más allá de la muerte que no sean gusanos y descomposición? 
- No lo sé. No hay pruebas científicas al respecto. Pero los gusanos y la descomposición no son malos ni buenos, forman parte del universo y de su reciclado constante de material. La vida, incluida la humana, está basada en la química cósmica, en los procesos de “descomposición” de antiguas explosiones estelares y de “composición” planetaria en la que las proporciones de carbono, hidrógeno, oxígeno, etcétera, son las adecuadas para que la vida surgiera en nuestro planeta con la ayuda indispensable del agua y de la energía química.

Quienes divulgan las llamadas “experiencias cercanas a la muerte” deben someterse a los mismos requisitos que en cualquier otro sector de la ciencia porque, supuestamente, no se refieren a una creencia religiosa en el más allá, sino a un fenómeno comprobable. Lo malo es que las pruebas aportadas no confirman esa otra “realidad”. Si el estrés cerebral en situaciones límite puede explicar esos fenómenos, tal vez sea ésa la causa, una causa material, tan material como una digestión o la medición de la actividad eléctrica cerebral.

- ¿Esto que llaman luces populares, es un fenómeno anómalo o simplemente una invención populista? 
- Es una interesante fenomenología con muchos ejemplos por todo el mundo. Los testimonios están ahí. Yo he recogido unas cuantas muestras de tales relatos que verán la luz –nunca mejor dicho- en el momento oportuno. Otra cosa es la naturaleza última de esas luces o lucecillas, y en qué medida son fiables esos testimonios, en qué medida, como también en cada caso sobre ovnis, lo que vio cada testigo fue almacenado en su memoria, recordado y expresado, a lo mejor décadas más tarde, ante los interesados que solicitan una declaración. Nuestra memoria no es como un espejo: está en permanente reconstrucción, añade características que no estaban presentes, trastoca las horas, alarga o encoje las duraciones. La sorpresa, incluso el temor, no son buenos acompañantes a la hora de recordar una experiencia visual.

La competencia lingüística también influye, así como a quién se lo cuentas, lo que has leído al respecto, los testimonios de otras personas, las imágenes divulgadas por los medios de comunicación y otros muchos factores que cualquiera puede citar haciendo un pequeño esfuerzo reflexivo. Como una posibilidad a considerar, algunas manifestaciones de las llamadas “luces populares” es posible que hayan sido causadas por rayos globulares o centellas, un tipo de descarga eléctrica natural que, según miles de testimonios en todo el mundo, se comporta de manera parecida a la descrita por los testigos de esas luces populares, de las que el ejemplo más conocido en Canarias es Mafasca, en Fuerteventura. 

- Aún hoy en día, hay pregoneros que se refieren al “ovni” del 79 como un platillo volador y no como un misil. ¿Por qué cree que no dan por buena la información contrastada y demostrada? 
- Es que hay mucha gente que quiere creer. Y aunque aquella tarde del 5 de marzo de 1979 hubiesen estado en el interior del submarino norteamericano SSBN 642 Kamehameha, que fue el que lanzó los cuatro misiles –sólo dos fueron visibles, por eso el fenómeno de las estelas iridiscentes al principio se repitió al final- seguirían pensando que lo visto fue un “fenómeno extraño”, o que hubo “algo más” aparte de los efectos de los misiles Poseidón en la alta atmósfera a centenares de kilómetros al oeste del archipiélago canario, como ha ocurrido en docenas de ocasiones en diversas partes del mundo y cuatro más en Canarias en la misma década.

- ¿Qué hacer y a quienes corresponde hacerlo contra los leebolas, adivinadores, iluminados y charlatanes? 
- Entre los críticos, la opinión mayoritaria es que esa situación sociológica a la que te refieres -que es real aparentemente, aunque no conozco estadísticas fiables al respecto- es un problema de educación básica. Sospecho que la educación y la desconfianza ante estos personajes, que para algunos puede ser algo natural, no se halla universalmente repartida. Los carismas funcionan muy bien, y una buena sonrisa y unos consejitos funcionan como unas endorfinas psicosociales para muchos. Creo que debe bastarnos con divulgar los trucos psicológicos que esos sujetos emplean para encandilar al cliente. Las televisiones locales son una plaga en este sentido.

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