Unas doscientas personas pudieron finalmente disfrutar del espectáculo astronómico durante la velada organizada por la Organización Salmantina de la Astronáutica y del Espacio
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El eclipse total de Luna no pudo ser todo lo observable que se hubiera deseado por los amantes de la astronomía. Una leve calima impidió divisar con plenitud un fenómeno que no volverá a repetirse hasta 2018. El eclipse comenzó a las 20:23 horas, pero desde Salamanca sólo se podía disfrutar desde las 21:50 horas, momento en que la Luna, ya eclipsada, hubiera aparecido por el horizonte de no ser por las leves nubes que lo impidieron hasta pasadas las 22:20 horas.
Este fenómeno astronómico sucede cuando la Tierra se interpone entre el Sol y la Luna y sólo puede ocurrir en fase de Luna Llena. La Organización Salmantina de la Astronáutica y del Espacio (OSAE) organizó una observación pública abierta a todas las personas interesadas, congregando a unas doscientas personas en el cruce de las calles Fortis y Fortunio con Los Toreses, en la zona nueva del barrio Puente Ladrillo.
El eclipse pudo apreciarse durante una hora y 40 minutos en todo el mundo, salvo en el centro y el norte de América. Durante ese periodo, los rayos de sol dejaron de iluminar el satélite de la tierra, que se oscureció y adquirió un color naranja o rojizo.
Cada año se producen entre cuatro y siete eclipses, incluyendo los de sol y los de luna, y normalmente suelen ir acompañados, de forma que uno se produce transcurrido medio ciclo lunar después que el otro. En este caso, el eclipse de luna se produjo entre dos eclipses parciales de sol: el del pasado 1 de junio, que fue visible en el Este de Asia y en los extremos más septentrionales de Norteamérica y Europa, y el eclipse del próximo 1 de julio, que será visible desde el sur del Índico y la Antártida.
La NASA aprovechó la ocasión para recoger imágenes del fenómeno y datos con el Orbitador de Reconocimiento Lunar (LRO) que desde junio de 2009 envía información sobre el satélite a la Tierra. El Radiómetro Lunar Diviner registró la velocidad a la que se enfrían diez zonas lunares distintas.