El criminólogo Miguel Pérez Villoria analiza este domingo el bullying en las aulas
En la actualidad, uno de los principales problemas que existen en las aulas es el bullying o acoso escolar. En primaria, uno de cada cuatro niños españoles está inmerso en una relación de acoso escolar, ya sea como agresor o como víctima; en el caso de Educación Secundaria el porcentaje baja y es uno de cada doce alumnos el que sufre bullying.
Las agresiones pueden ser de cualquier tipo, desde aislamiento o insultos hasta agresiones puramente físicas, pasando por discriminación por la personalidad de la víctima. Normalmente, el carácter de esta suele ser el de una persona pasiva, poco asertiva, que se encuentra en una situación social de aislamiento, insegura, con altos niveles de ansiedad y que tiende a autoinculparse por la situación en la que vive. Sin embargo, también existe un tipo de víctimas activas cuyo carácter tiende a ser impulsivo, agresivo, con bajo rendimiento escolar y que, al contrario que las víctimas pasivas, suelen mantenerse con el paso del tiempo.
Por su parte, el agresor activo por norma general se encuentra en una situación social y personal complicada y busca en la agresión la aprobación que no encuentra en sus entornos más cercanos. Estas personas suelen tener una marcada tendencia hacia la violencia, relaciones negativas con los adultos, ausencia de capacidad autocrítica, y prácticamente en ningún caso tienen una figura adulta con disponibilidad para mostrarles límites de conducta. También existen casos de agresores pasivos; estos son los que permiten y apoyan el bullying pero no lo ejecutan de manera directa.
Este tipo de conductas dependen de factores sociales, familiares, educativos… y se pueden evitar, tanto en la escuela como en el ámbito familiar, trabajando el carácter del niño o adolescente. En primer lugar, es necesario inculcar los valores de las buenas relaciones en el resto de los niños que no obedecen a estos perfiles; en segundo lugar, se hace necesario eliminar la figura del “chivato” y destacar la importancia de denunciar este tipo de acoso, es decir, que la víctima no encuentre reproches a la hora de informar sobre su situación a sus mayores; por último, es imprescindible contar con un profesorado preparado y capaz de centrarse a nivel individual en sus alumnos, que no encuentre problemas a la hora de relacionarse educacional y emocionalmente con los niños y niñas a los que enseña.