Las antiguas minas de cal de Tamames se han transformado en un amplio espacio de ocio en los parajes conocidos como 'La Dehesa' y 'La Laguna', donde gracias a una subvención de la Junta de Castilla y León se ha procedido a la limpieza y señalización de la zona con el objetivo de atraer turismo y difundir la ancestral labor de los alfareros puchereros.
En la dehesa, los paneles indican cómo llegar a los restaurados hornos de cal, en una zona repleta de estas típicas construcciones. De hecho, se la denomina la comarca de La Calería, por la amplia presencia de hornos también Rinconada de la Sierra, Navarredonda y Tejeda. Mientras, en la laguna los paneles explicativos muestran los detalles de su flora y fauna.
Hacia el año 1750, había en Tamames ocho maestros, ocho oficiales y seis aprendices de alfarería. Destacados alfareros eran, allá por 1950, don Bruno García y don Antonio de Santiago Sánchez, además de Francisco y Andrés García, quienes han continuado practicando el oficio hasta hace unos años.
Aunque en otros puntos de la provincia de Salamanca también se ha venido manteniendo, hasta épocas recientes, la actividad alfarera, ha sido en Tamames donde ésta ha alcanzado, en determinados aspectos, mayor renombre. Así, por ejemplo, era únicamente en esta villa donde se practicaban dos coceduras. La primera de ellas iba destinada a templar la loza; después de vidriarla con sulfuro de plomo, se procedía a la segunda operación, que al igual que la anterior, se realizaba en unas tres o cuatro horas. En la primera cocción, se utilizaban tres cargas de roble; en la segunda, un carro de brezo
La leyenda de la laguna
Tamames alberga una curiosa leyenda en su laguna, donde una misteriosa mano sumergida en las aguas custodia el arma de Don Rodrigo, el último rey godo. Cuenta la leyenda que murió en las inmediaciones de la cercana localidad de Segoyuela, en donde había buscado refugio tras la derrota sufrida en la batalla de la laguna de la Janda. Días después de morir, emergió de las calmadas aguas una mano misteriosa empuñando una espada, un hecho que fue entendido como símbolo de la irreductibilidad del poder regio ante la dolorosa derrota sufrida por don Rodrigo. Pero la espada continuó apareciendo en determinadas épocas y entre los vecinos de la zona se comenzó a transmitir que el alma del último rey godo se había quedado emplazada en esta laguna, desafiando a la muerte, y algún día habría de regresar a vengar su derrota.
Fecha: 17 de mayo de 2009
Autor: Salamanca24Horas.