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Salamanca, viernes 03 de septiembre de 2010
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Pozos de nieve, cuando la Navidad se prolongaba hasta el verano Depósitos subterráneos la conservaban durante todo el año con fines terapéuticos y gastronómicos. Alba de Tormes todavía conserva uno en un estado aceptable, aunque corre el riesgo de derrumbarse si no se restaura 02/08/2009
 | | Pozo de la Nieve en Alba de Tormes |
Hoy día el hombre puede jugar con los elementos y tener calor o frío a su antojo. Basta con abrir una nevera en pleno agosto de bochorno o encender el horno en pleno enero helador. Pero hubo un tiempo en que el inexorable orden de la naturaleza obligaba a los seres humanos a agudizar el ingenio hasta el infinito para poder disponer de los placeres que la madre Tierra les ofrecía.
Uno de los mayores tesoros cae del cielo cuando el dios Eolo es capaz de congelar hasta el alma, aunque perece agónicamente ante el filo de los rayos del astro rey. Por eso, hasta no hace muchas décadas la nieve se almacenaba en pozos y depósitos subterráneos con fines terapéuticos y gastronómicos, cuyos vestigios arquitectónicos todavía se conservan en varias localidades de la provincia de Salamanca, un tema indagado anteriormente por Rosa María Lorenzo.
La acumulación de nieve como método para guardar los alimentos perecederos en las cuevas, pero con la llegada de los árabes a la Península Ibérica comienza a potenciarse su conservación durante todo el año para aprovechar sus cualidades sin tener que esperar al invierno. Surgen así los pozos de la nieve para usos medicinales, fabricar helados o refrescar bebidas, unas edificaciones excavadas en la roca o construidas de ladrillos y mampostería con planta circular en todos los núcleos de población con cierta entidad. Mediante un desaguadero y una concavidad separada por una rejilla se recogía la nieve y también vertía al exterior el agua de la fusión del hielo.
Se aprovechaba todo. Tal es así que alrededor se fabricaban balsas artificiales que recogieran el carámbano de las heladas. Y es que a partir del siglo XVI la nieve se convierte en elemento de lujo que proporcionaba suculentos ingresos a la Hacienda Real con la recaudación de impuestos, hasta dos
maravedíes por cada libra de nieve o hielo que se consumiera. No era de extrañar entonces ver estas construcciones en la parte norte más umbría de cada pueblo o finca, adosados a los muros de ermitas, conventos y colegios o en su interior.
Pero con la aparición de las máquinas a mediados del siglo XIX, el único hielo disponible hasta entonces en el mercado a través del frío natural dejó paso a los cubitos artificiales. Los coquetos pozos de la nieve comienzan a transformarse en fábricas de hielo, abandonando a su suerte a las antiguas construcciones De hecho, en la provincia charra ya sólo se conserva el de Alba de Tormes, construido en el siglo XVIII y perteneciente a la Cofradía de las Benditas Ánimas de la parroquia de San Juan. Utilizado para remedios clínicos y otros usos domésticos, además para venta a los botilleres y confiteros para elaborar sorbetes, hoy día se mantiene en pie frente al célebre avance inmobiliario que ha sufrido la villa ducal durante los últimos lustros.
¿Cómo funcionaban los pozos de nieve?
El proceso era sencillo. En primer lugar, los llamados neveros o boleros (aglutinaban la nieve en bolas sobre estacas de roble) recogían el material durante el invierno, aprovechando las nevadas sobre campos, calles y tejados, o trayéndola en cántaros de barro protegidos por helechos desde las Sierras
de Béjar y Francia. Una vez en el pozo, se aislaban las paredes con paja, alternándola con capas de nieve que se apelmazaban con mazos o se pisaban con sacos. Cuando se precisaba su venta, se iba aprovechando cada una de las capas de nieve entrelazadas con paja y tablas que la aislaban del calor hasta el verano.
Usos medicinales con crioterapia y culinarios para los mejores postres
La nieve se empleaba con dos fines: terapéuticos y gastronómicos. Los primeros, contra las hemorragias y las inflamaciones; los segundos, para conservar alimentos y fabricar suculentos postres. La crioterapia era conocida entre los mejores doctores desde la antigüedad gracias al trabajo literario desarrollado durante el Renacimiento, llegando a recetar a sus pacientes el consumo de bebidas frías por contener grandes beneficios, aunque esta moda rápidamente provocó tratados en contra por los inconvenientes sanitarios del enfriamiento del cuerpo humano.
La aloja era la bebida preferida, con agua, miel y especias, pero también aguas de canela, jazmín e infusiones aromáticas en recipientes especiales de barro. También era muy demandada la leche helada, helados garrapiñados y refrescos de chocolate.
Depósitos ya destruidos
En la comarca peñarandina se encontraban varios ejemplos de estas construcciones, como Cantalapiedra, donde la ermita de la Misericordia albergaba un pozo excavado en un hoyo revestido de argamasa y ladrillo. Su explotación se sacaba a subasta al llegar mayo, llegando a recaudarse hasta cuatro mil reales con la venta de la nieve a comerciantes de la capital, Zamora y Valladolid.
Mientras, en Peñaranda de Bracamonte, el señor de la localidad disponía de su propio pozo junto a la ermita de San Pedro, pero después se trasladó a Bóveda del Río Almar. En Ledesma, el Hospital disponía de dos pozos, y en la Peña de Francia, al oeste del templo, los frailes recogían la nieve de las cumbres de la montaña, surtiendo a los establecimientos de la Sierra y Ciudad Rodrigo.
En la comarca mirobrigense también se conocía la existencia de un pozo de nieve en El Payo, un gran almacén de planta octogonal del que ya sólo quedan las paredes. Finalmente, numerosas fincas privadas conservaban singulares edificaciones adosadas a las casas solariegas, algunas de las cuales aún mantienen la base circular ladrillada. Y es que hubo un tiempo en que la Navidad se prolongaba hasta el verano.
Fecha: 02 de agosto de 2009 Autor: Salamanca24Horas.
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| Comentarios:
8 comentarios |
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Ineteresante, como siempre, estos trabajos que haceis recopilando informaciónque nos aporte un poquito más de conocimientos. Gracias.
Autor: aingeru
Fecha: 02 de agosto de 2009 - 13:01h
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También se conserva uno en Salamanca, que el alcalde lleva décadas diciendo que lo va a restaurar pero dudo que lo vemos algún día.
Autor: Manolo
Fecha: 02 de agosto de 2009 - 13:49h
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¿Dónde está el de Salamanca, Manolo?
Autor: Sontsont
Fecha: 02 de agosto de 2009 - 14:26h
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En Salamanca existía un 'pozo de la nieve' que hace 60 años estaba situado al pié de la muralla y en su parte exterior, sobre la zona que entonces se llamaba cuesta de ''los Locos'', al lado de la carretera de circunvalación, del paseo de Canalejas. Puede que fuese abandonado a principios del siglo XX
Autor: wandicut
Fecha: 02 de agosto de 2009 - 15:36h
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El de Salamanca está en Rector Esperabé, justo delante de ese tramo de muralla con almenas, al lado de la residencia de los Carmelitas.
Autor: Manolo
Fecha: 02 de agosto de 2009 - 20:52h
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¡Gracias a los dos! Iré a verlo.
Autor: Sontsont
Fecha: 03 de agosto de 2009 - 08:07h
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No creo que desde fuera se vea nada, pero parece que ya pronto van a derribar las casas que tiene delante.
Autor: Manolo
Fecha: 03 de agosto de 2009 - 21:02h
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Gran reportaje, pero en realidad el pozo de la nieve de Alba de Tormes no pertenece a "la Cofradía de las Benditas Ánimas de la parroquia de San Juan" sino que está en manos privadas, asustadas por la expropiación.
¿Alguien sabe como funciona la expropiación?
Autor: miguel
Fecha: 04 de agosto de 2009 - 16:21h
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