El controvertido fenómeno de la licuefacción religiosa

El controvertido fenómeno de la licuefacción religiosa
Nueva entrega de la sección de Crónicas Atlantes

Con la iglesia hemos topado, y aunque la apertura propagada por el Papa Francisco parece más que evidente, dos milenios de oscurantismo no se ventilan con un puñado de textos papales y declaraciones de intenciones. Esta semana dedicamos esta serie dominical a un fenómeno llamativo a la par que desconocido por la mayoría, y en el que la Iglesia Católica rara vez se manifiesta a favor o en contra. La licuefacción de la sangre santa está considerada como milagro o prodigio, capaz de convocar cada año a cientos de miles de personas en todos los puntos geográficos en los que se produce, y ante los cuales, la ciencia tiene las puertas cerradas para su análisis y estudio. Con estos mimbres, permítame que le ponga sobre la pista de lo que ocurre, permítame que no con aguja y tubo de ensayo, sino con bolígrafo en mano, intente realizar un análisis del fenómeno que si no es creíble para muchos, antropológicamente es verdaderamente llamativo.

Jenaro el decapitado

Cada primer sábado de mayo, al igual que también ocurre todos los 19 de septiembre y 16 de diciembre, la sangre seca de San Jenaro (Genaro), patrón de Nápoles, se licua de forma sorprendente, conformándose para muchos, un auténtico milagro. Esos días con la ritualística religiosa más ostentosa, una ampolla que contiene la supuesta sangre del santo se muestra acompañada de la correspondiente procesión, así desde hace más de 400 años. San Jenaro fue decapitado por el emperador Diocleciano entre el año 284 y 305 de la presente era. La creencia popular entre los napolitanos, asevera que si un año la sangre del santo no logra regresar al estado líquido, es presagio de desastre. Y al parecer es lo que sucedió en 1527 cuando Nápoles se vio azotado por una intensa plaga, o en el cercano 1980 cuando un terremoto dejó el reguero de 3.000 personas fallecidas. ¿Pero en qué consiste concretamente el citado prodigio? La secuencia es sencilla: el religioso que oficia la ceremonia, agita o da la vuelta al relicario de metal que contiene la sustancia, y ésta pasa de mostrarse oscura, sólida y seca, al estado más o menos líquido e incluso burbujeante en algunas de las ocasiones en las que se ha mostrado públicamente. Para ser precisos en la información, en realidad hay dos ampollas, pero el extraño fenómeno suele ser más notorio en la ampolla de mayor tamaño, ya que ésta contiene casi dos terceras partes de la sustancia. ¿Qué ocurre realmente? ¿Estamos siendo testigos directos de un verdadero prodigio santo, o se trata de un truco alquímico?

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Respuestas en el laboratorio

Un dato importante y que no podemos pasar por alto, es que hasta este momento no se ha permitido acceder hasta la sustancia, y poder así realizar un análisis completo para determinar siquiera si se trata de sangre o en el interior del bendecido contenedor hay alguna otra sustancia. Únicamente se ha podido realizar un “escáner” desde el exterior del depósito, y aunque esta prueba afirma que en el interior hay sangre, no descarta la presencia de otras sustancias. Así pues, sin análisis directo, solamente resta hacer experimentaciones para intentar dar algo de luz a la opacidad impuesta por la propia Iglesia, que sin definirse en si se trata de un milagro, prodigio o tongo, sigue sacando rédito de estas convocatorias religiosas a la que asisten miles de personas creyentes. De estas experimentaciones, me permito exponer algunas de ellas.

El profesor de química orgánica de la veterana Universidad de Pavía, Luigi Garlaschelli, logró reproducir el “milagro” en su laboratorio, mezclando cloruro férrico, cloruro sódico, carbonato cálcico y agua destilada, consiguiendo como resultado una especie de gel que al ser agitado se muestra totalmente licuado, y que cuando se deja en reposo pasa a estado sólido. En cuanto a la apariencia visual, la sustancia obtenida en laboratorio es exactamente igual a la “sangre” de San Jenaro. Una segunda prueba realizada por Garlaschelli y Michael Epstein, consistió en realizar un análisis espectro gráfico (desde el exterior del depósito), y al compararlo con el espectro de la sustancia venerada en Nápoles, los resultados muestran también grandes similitudes. Y si estas experimentaciones italianas nos parecen insuficientes, sumamos al “escenario científico” las experimentaciones realizadas por los estadounidenses Joe Nickell y John Fischer, que produjeron una combinación de cera de abeja fundida en aceite de oliva, y el resultado lo pigmentaron para darle color. El resultado fue una sustancia que se licua cuando aumenta la temperatura (puede ser por agitación o fuente externa de calor), y vuelve al estado sólido una vez se enfría. ¿A que ahora vemos el “prodigio” de San Jenaro con otros ojos?

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San Pantaleón entra en escena

En el estado español también podemos encontrar un fenómeno idéntico al que acontece en Nápoles. Concretamente en el Real Monasterio de la Encarnación de Madrid, se conserva junto a un hueso del santo, la que es considerada la “sangre” de San Pantaleón. Y en este punto, antes de conocer algunos detalles, se hace conveniente poner sobre la mesa el siguiente dato: La supuesta sangre de San Pantaleón fue donada al monasterio por el virrey de Nápoles… ¿curioso, verdad?  Cada 26 de julio, vísperas de la fiesta de San Pantaleón, el contenido solidificado del relicario comienza a licuarse, y dos días después, el depósito vuelve a quedar manchado y seco. Debemos tener en cuenta que este objeto tan venerado está discretamente expuesto durante el resto del año en el museo del monasterio, y que cuando es expuesto durante esos dos días, no está permitido acercarse a él, mostrándose a través de dos pantallas colocadas a ambos lados del altar. Tampoco se ha podido analizar el contenido de este recipiente aludiendo a que es altamente probable que al abrir este minúsculo recipiente, el contenido pueda destruirse. Se hace difícil imaginar un supuesto milagro destruido por ser analizado… ¡poco milagro sería! Así pues, sin análisis científico ni ganas de autorizarlo por parte de la Iglesia, el “milagro” de San Pantaleón seguirá convocando a sus fieles como lo viene haciendo desde el siglo XVII -1645-. A diferencia de lo que ocurre en Nápoles, la reliquia española se comporta de forma algo más anárquica, ya que en ocasiones la “sangre” vuelve a estado sólido transcurrido un día, y en otras no lo hace hasta pasados casi dos meses.  San Pantaleón, nacido en el siglo III en la que hoy conocemos como Turquía, fue perseguido por Diocleciano (al parecer un brazo ejecutor) al negarse a apostatar y ejercer la medicina de forma no lucrativa. Cuentan algunas crónicas, que la sangre de San Pantaleón ya se licuaba antes de ser donada a España, mientras era custodiada en la catedral italiana de Ravello desde el siglo XII.

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