Aquel pufo llamado Anne Germain

Aquel pufo llamado Anne Germain
De toda la vida como quien dice, a través de nuestra televisión se han asomado variopintos personajes que, con mayor o menor fortuna, han entregado grandes dosis de entretenimiento y no menos debates familiares
 

Médium o sensitiva, así se autodenomina la afamada y televisiva Anne Germain, la mujer que apareció en nuestros televisores para comunicarse supuestamente con los muertos. Evidentemente no podía ser en otra cadena diferente a Tele 5, el canal de la mala rima y las peores mañas. Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, médium es toda persona a la que se considera dotada de facultades paranormales que le permiten actuar de mediadora en la consecución de fenómenos parapsicológicos o de hipotéticas comunicaciones con los espíritus. 

De toda la vida como quien dice, a través de nuestra televisión se han asomado variopintos personajes que, con mayor o menor fortuna, han entregado grandes dosis de entretenimiento y no menos debates familiares. En la memoria tenemos los que ya acumulamos cierta cantidad de años, la imagen ligeramente chocarrera de Uri Geller, quien sentado junto al maestro de las cámaras y el micrófono José María Íñigo, hizo que gran parte de los españoles que veían la tele en ese momento quisiera doblar cubiertos y detener relojes con el sólo poder de la mente, o por lo menos esa posibilidad es la que Geller nos vendía tras la pantalla en blanco y negro del receptor.

Sin lugar a dudas aquello, formaba parte de un buen puñado de trucos de lograda consecución y avalados por la perplejidad e ignorancia de quienes le mirábamos atónitos desde el sofá. Tras él, no fueron pocos los que proclamaban televisivamente sus facultades paranormales, formando entre todos ellos el más variopinto circo de tres pistas que jamás se haya visto, quizá no por sus dimensiones sino por la cantidad de saltimbanquis que se subían a la lona de la fama efímera. 

Quién no recuerda a Tristanbreiker, aquel delgado caballero de hechura singular que a principios de los años 90 se hizo popular por sus intervenciones en programas como “Esta noche cruzamos el Misisipi”. Vestía al más fiel estilo caza fantasmas y aparecía con el rótulo de parapsicólogo, armado por un manufacturado fusil de asalto fantasma, compuesto por un tubo de cartón, restos de una escopeta de niños y con una enorme linterna adosada a la parte superior y bien fijada con cinta adhesiva para evitar inoportunos “meneítos”. Aquel fusil de asalto paracientífico en teoría debería desmaterializar a los intrusos espectros. Tristanbreiker abrió la caja de pandora y tras él, se asomaron otros como el afamado lector de pepinos, nabos, berenjenas y otras hortalizas, Paco Porras. Este funesto individuo armado con una ramita de perejil cual si de un Arguiñano se tratase, nos descubrió los poderes que las verduritas tienen en todo tipo de sortilegios. La desaliñada bruja Lola, el leopardo que te lee las bolas, Rappel. El volátil Octavio Aceves, la cándida Esperanza Gracia, y un largo etcétera que formaron y forman el teatrillo televisivo rotulado por bonitos 806 o 906. 

Pero vayamos al eje de este artículo, al núcleo que porta el asunto que nos ocupa. La británica Anne Germain aterrizó en nuestro país con una fórmula televisiva ya conocida por muchos y que fue puesta en práctica hace ya unos cuantos años en los Estados Unidos por John Edward con su programa “Cruzando al más allá” y la propia Anne Germain en Portugal con “Depois da vida”. Así pues, la fórmula no era nueva y estaba avalada por cotas de audiencia muy altas. No puedo negar la desconfianza natural que tengo hacia este tipo de personajes y prácticas, no solo las que forman parte del market share televisivo sino todas las que de forma más o menos anónima se encuentran infiltradas en nuestra crédula sociedad. 

La primera vez que tuve noticias de la señora Anne Germain fue en el año 2005 cuando todavía era una anónima incipiente dentro de nuestras fronteras. De ella se decía por entonces todo tipo de cosas, desde que era una señalada por la mano de Dios hasta que formaba parte del estercolero de estafa que pulula por el mundo. Aterrizaba en España a través del apropiado aeropuerto televisivo que brinda Tele 5, cuando la curiosidad me llevó a rascar un poquito la opaca superficie que envuelve el programa “Más allá de la Vida”, nombre acuñado en nuestro país. Hace unos días he regresado de Madrid dónde entre muchas cosas por hacer –algunas se verán reflejadas muy pronto en este mismo medio-, he podido hablar con algunos amigos que trabajan en televisión, y más concretamente en el entorno de la productora Plural Entertainment que es la que gestionó este producto televisivo. Ya de entrada dejo claro que lo que aquí expongo es fruto de algunas conversaciones privadas y que por supuesto no deben ser consideradas como dogma de fe. Desde la libertad de opinión, y por supuesto con la intención de dar luz dónde hasta ahora parece que favorecen las sombras, permítame amigo lector que exponga algunas cosas que no llegan a encajar en mi caja de lógicas y verdades.

Para quién no pudo o quiso ver el mentado programa, la descripción simplificada del plató es la de un set central en el que se sientan cara a cara el invitado (famoso) y la autodenominada médium, y entre ellos también sentado cómodamente el presentador Jordi González. Tras de ellos, al fondo, hay una mediana grada en la que se sienta el público asistente, que además será partícipe durante la emisión y puede ser alguno de sus integrantes el o la elegida por Anne Germail para “conectar” con alguno de sus difuntos. 

Me cuentan que para asistir de público al programa, solicitaban tu documentación de identidad y rellenaban un amplio cuestionario de preguntas, algo importante a tener en cuenta en este caso. Entre las cuestiones que se planteaban, algunas del tipo ¿has perdido a algún familiar hace poco?, etc. Al parecer, además el plató era un auténtico enjambre de cámaras y micrófonos colocados por todas partes, abarcando la totalidad de las gradas donde se coloca el público asistente. Imagino yo ahora la conversación de dos amigas que se sientan a esperar el comienzo de la grabación y hablan entre ellas: - ¿Te imaginas que nos toque a nosotras y se aparezca mi hermana?- a lo que su acompañante le responde: - si encima Anne te dice que era rubia y con un lunar en la nariz, ¡yo me caigo para atrás!- mientras, cámaras y micrófonos captando hasta el más mínimo gesto o comentario. 

Cualquier ayuda puede ser buena para impulsar a la médium hasta las cotas del éxito. Pero no es bueno correr riesgos y no está de más infiltrar entre el público a algún pinchado por si las cosas no van bien. Se escucha por el pinganillo: - Anne, tercera fila de la derecha. La cuarta mujer que va vestida con un jersey de color verde agua. Se llama Berta (lo pone en su DNI) y ha perdido a su padre hace año y medio. En la cartera lleva una fotografía de él con una camiseta amarilla (las cámaras en el previo ha captado el momento en el que ella la sacaba y le daba un beso a la imagen)… ¿Un completo despliegue técnico y humano para que el puzle quede configurado a la perfección?, parece ser que así es. 

Indudablemente a estas mañas y artimañas hay que sumar la innegable capacidad de la señora Germain para memorizar, algo que sin lugar a dudas está respaldado por sus dotes en programación neurolingüística. Pero hay ocasiones en las que el perfecto engranaje de bondad y aciertos plenos se ha visto enturbiado por algunos famosos que asistieron al programa cobrando los correspondientes 12.000 euros, pero que no han entrado de lleno en el juego o por lo menos no han cumplido con todos los puntos convenidos. 

El conocido cineasta Santiago Segura, se atrevió a decirle al presentador durante la entrevista posterior a la sesión, que en poco había acertado la buena mujer, que no dio ni una salvo en las cosas evidentes. -“¿Te soy sincero? Lo he pasado muy mal y me he angustiado mucho porque, de verdad, quería sorprenderme. No quiero ser el desgraciado que tiene que decir que el ratoncito Pérez no existe. Además, todo el mundo me ha hablado muy bien de Anne Germain, pero es que no ha dado ni una”-, dijo Segura mientras en su cara y palabras se reflejaba una clara sensación de fraude. 

El magnífico escritor Antonio Gala también estuvo allí y dejó claro que todo era una gran mentira. La médium le comunicó que su difunta madre le decía “hijo te amo”. Gala dejó claro que no siempre lo obvio sirve y contó que la relación con su madre no fue maravillosa, y si repleta de poco afecto. El escritor se sintió herido por esa improbable comunicación. Encima y para mayor irritación, colocaron un rótulo donde indicaban que Antonio Gala reconocía las palabras de su madre.

El programa era grabado. Así pues nos quedamos con las ganas de conocer la reacción del escritor en su plenitud, quedando su intervención recogida como una de las más cortas del programa entre fundido y fundido de la entrevista. Según Anne Germain, todo el mundo tiene la habilidad para hablar con los espíritus. ¿Es esto posible? A mí me surgen dos o tres mil preguntas, pero entre ellas dejo en el aire las siguientes: suponiendo que fuera posible la comunicación con los difuntos, ¿se les puede citar a la hora exacta de grabación de un programa de televisión o hay que enviarles invitación previamente? Una vez que los “muertos” acuden a plató, ¿cómo sabemos que son los de familiares de los presentes en el plató de “Más allá de la vida” y no los del público del “Sálvame” o lo que sería peor, de un programa de la competencia como “Redes” del gran Eduard Punset?

Cada cual que gaste su dinero como quiera, pero yo para ver a los muertos prefiero pasarme por el siempre funesto tanatorio, la última parada.

 

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