La directora Isabel de Ocampo relata una agresión sexual que le sucedió a los catorce años

La directora Isabel de Ocampo relata una agresión sexual que le sucedió a los catorce años

La cineasta salmantina Isabel de Ocampo ha aprovechado el movimiento #MeToo tras el desagradable asunto del productor Harvey Weinstein para contar una dura historia que sufrió cuando apenas tenía catorce años relacionada con una agresión sexual. "No todas, solo una, la que más me humilló, y la que tenía completamente olvidada", empieza su post en Facebook. 

En este relata que a sus 14 años, cuando acababa de terminar Octavo de EGB en las Teresianas y comenzaba en el instituto de Garrido, estando a la puerta de su clase, 1ºG, en un mediodía, dos chicos de otra clase se acercaron. Uno de ellos, "moreno", relata, se apoyó en la pared y le dijo algo que asegura no recordar. "Sé que yo estaba sintiendo terror y al mismo tiempo trataba de mostrarme digna, disimulando, hablando con calma, intentando transmitirle, orgullosa una, que no me estaba afectando su mierda de ataque verbal". 

A pesar de este momento, cuenta que no sabe cómo, "pero unos instantes después me ha dado la vuelta, me aprieta contra sí, yo estoy de espaldas a él, pegada a él, me ha inmovilizado los brazos, me está desabrochando la blusa y, atención: mete su mano derecha en mi sujetador y me toca la teta izquierda. Fue visto y no visto. Sentí la mano en la teta y rápidamente la sacó", sigue contando en su post, antes de alejarse dejándola "paralizada, silenciada, taquicárdica perdida". 

Esto, que había sucedido un lunes, siguió el jueves por la tarde. "Clase de dibujo, que compartíamos con otros alumnos de otros primeros, creo recordar. Y antes de entrar en el aula, allí que le veo. Al moreno agresor. Recuerdo perfectamente dónde estaba él, dónde la puerta, dónde estaba yo. Podría rodarlo ahora mismo. Me paralizo. Me entra la taquicardia de nuevo", cuenta. Después de pensar qué hacer, "entré en clase y me dirigí a él. Paso firme. Me acerqué y no sé qué chorrada le dije clavándole mis ojazos azules en su mierda de cara". 

Entonces, dice, sintió que había ganado. "El resto del curso seguí hablando con él con total naturalidad cuando me lo cruzaba y mirándole a los ojos con toda la chulería de la que fui capaz. Y él… me evitaba. ¡Se sentía mal!". Por ello, comenta que aprendió a enfrentarse.

Sin embargo, dice que el que de verdad le humilló fue el rubio que iba con el moreno y que no hizo nada para defenderla. "Estuvo en silencio todo el tiempo, mirando, callado, apoyando en la pared sin hacer nada para para parar aquello, para poner fin a aquella humillación. A ti sí que no volví a hablarte jamás, y no te saludé deliberadamente, cabeza bien alta, cuando me crucé contigo en la trasera de Simago, calle solitaria en aquella época, solos tu y yo". 

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