Tres tipos de tratamiento para mejorar la calidad de vida

Tres tipos de tratamiento para mejorar la calidad de vida
El primero de los tratamientos que tiene que seguir una persona alérgica al polen es la evitación del alérgeno con medidas de protección elementales. Así, el jefe del servicio de Alergias del Hospital, Ignacio Dávila, explica que dichas medidas se basan en la utilización de gafas de sol y de mascarillas en algunos casos, “evitar salir al campo los días que haya más exposición, conducir con las ventanillas cerradas y tener en el coche un filtro antipolen o ventilar la casa a primeras horas de la mañana y por poco tiempo”.
 
En segundo lugar se encuentra el tratamiento farmacológico que se basa fundamentalmente en fármacos que controlan la sintomatología de los pacientes, por ejemplo los antihistamínicos vía nasal, oral u ocular, los corticoides nasales, para el asma los broncodilatadores y los corticoides inhalados, entre otros.
 
Por último está la vacuna de la alergia, cuyo objetivo es que aunque el paciente esté sensibilizado no presente síntomas o presente el mínimo posible. “Intentaríamos modificar así el curso de la enfermedad. A pesar de estar en contacto con el alérgeno, en este caso el polen, el paciente tolera mejor el contacto y hay algunos que dejan de tenerlo”. Se utiliza fundamentalmente en rinitis intermitente moderada o grave, y en rinitis persistente por los pólenes. También se administra en casos de asma intermitente, persistente leve y moderada, no así en el asma grave ni tampoco en el asma no controlada.
 
Incidencia
 
En la provincia de Salamanca la alergia al polen supone entre el 60 y el 80% de las alergias, a continuación se encontrarían los ácaros del polvo con un 30%, los epitelios de animales con un 25%, y los hongos entre un 10 y un 15%.
 
Pese a que la alergia al polen no es una enfermedad grave en lo que a la rinoconjuntivitis se refiere, en los casos de asma no sucede lo mismo. “Una crisis asmática grave puede obligar al paciente a ir a urgencias y a precisar ingreso al llegar a tener un cierto riesgo vital”, afirma Ignacio Dávila.
 
Sin embargo, afecta mucho a la calidad de vida, más que otras enfermedades como por ejemplo la hipertensión u otras enfermedades cardiovasculares. “No hay más que imaginarse cuando uno tiene un catarro, pues así están los pacientes y eso sí que les afecta a la calidad de vida”.
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