“Gracias a vivir con Antonio Romo estoy ahora aquí”

“Gracias a vivir con Antonio Romo estoy ahora aquí”

SALAMANCA24HORAS continúa su serie dominical para mostrar la parte más intercultural de la sociedad salmantina a través de reportajes y testimonios de integración. Este nuevo capítulo sirve para dar a conocer la historia de Kassim Misbau, quien acompañado por un amigo llegó hasta las costas de Mauritania bajo la promesa de un viaje en barco. “Cuando me dijeron barco, yo pensaba que era un barco grande, pero aquello era una barca de pesca”. 

El viaje se desarrolló en camión hasta Mali, luego en autobús hasta Senegal, para después cruzar la frontera hasta Mauritania, “y allí la policía me expulsó de nuevo a Senegal”. La frontera con Senegal es un paso continuo de personas donde la policía, consciente de que las personas subsaharianas pretenden llegar a Europa, les expulsan a su suerte de manera inmediata. 

Fruto de esto, las mafias hacen su trabajo para facilitar ese paso. “Allí una persona me dijo que me pasaba la frontera y me prometió que podría montar después en un barco hasta España”. Tras el pago de mil euros llegó hasta la costa donde bajo una nueva falsa promesa embarcó rumbo a Canarias. “Me contaron que el barco estaba esperando en medio del mar porque no se podía acercar a la costa”. Cuando vio la “patera” en la que le obligaban a montar quiso negarse pero en ese momento las buenas palabras se tornaron amenazas; “me dijeron que si no subía a la patera me iban a matar allí mismo”.

Fueron tres días a la deriva y solo gracias a la intervención de la Cruz Roja pudieron salvar la vida, “allí cada persona lleva su agua, si se te acababa…”. El barco de Cruz Roja les llevó hasta las costas de Tenerife donde tras pasar cuarenta días en un centro han embarcado rumbo a la península; “si tenías suerte ibas a España, si no a tu país”. Cuando han subido al avión, una broma les mantuvo en vilo una vez más, “uno de los policías nos dijo que ese avión era para volver a África” y aunque una azafata les informaba de que, era mentira, “nosotros ya no sabíamos qué creer”. 

Una nueva aventura

A pesar de que la incertidumbre se apoderó de ellos, una vez más, al sobrevolar Marruecos, finalmente la visión de la noche madrileña desde el cielo despertó la alegría dentro del avión. “Al aterrizar nos hemos abrazado todos juntos y hemos comenzado a saltar y a gritar de alegría”. Su sueño se había cumplido y ahora comenzaba una nueva aventura gracias, en parte, al permiso de asilo expedido por la Policía Nacional. 

Thibara cuenta cómo Cruz Roja proporcionó alojamientos por diversas ciudades de España a todas las personas internadas en el centro de Tenerife. Después de seis meses en Soria pudo llegar al centro de acogida de Salamanca Acoge, para, finalmente residir en la vivienda de Antonio Romo. El ‘Padre Antonio’ disponía de un alojamiento en la parroquia de Puente Ladrillo, donde “colaboramos con nuestro trabajo y repartimos el poco dinero que queda después de vender los productos de la huerta”. La labor es dura pero, en palabras de Thibara, “te da una oportunidad”. 

Cuando observaron que sabía conducir el tractor, comenzó a trabajar en lo que a la postre le aportaría su actual medio de vida, la agricultura. “Cuando pasan los tres años para conseguir el arraigo ellos te hacen la oferta y ahora gracias a dios ya tengo documentación”. Su recuerdo es bueno, de mucho sacrificio y mucho trabajo, pero de un esfuerzo que ha merecido la pena. Cuenta que desde el lunes al sábado es para trabajar y el domingo se sale para descansar. “Gracias a esa casa tengo la vida que tengo ahora”. 

Una nueva vida

Es precisamente en una de las actividades organizadas por el alojamiento del Padre Antonio donde todo cambió. En una salida para que la gente pudiese conocer la situación de las personas de África, Thibara conoció a una de las trabajadoras de la residencia de Maristas. “Nos hicimos amigos y después, después ha llegado ella”, cuenta mientras mira con ternura a Aisha, su hija de tan sólo 7 meses fruto de esta relación. 

Explica con alegría que su boda fue en el campo, en una finca de los Maristas en la sierra de Gredos. “Fue muy bonito y lo pasamos muy bien”. Durante la Luna de Miel, Thibara pudo cumplir uno de sus sueños que era volver a Togo. “Todos los niños querían jugar con Paula, mi mujer, y ella, claro, no quería volverse a España”.

En este momento quiere disfrutar de su familia y del fútbol, deporte que puede volver a practicar gracias a que ha podido operarse de una rotura de menisco que arrastraba desde Togo. Ahora sólo sueña con poder traer a su familia a España. “Allí estábamos todos muy unidos”, cuenta con melancolía.

 

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