Butano, la desconocida historia del rey no alcohólico en los bares leoneses

Butano, la desconocida historia del rey no alcohólico en los bares leoneses

Rastreamos cómo, dónde y de la mano de quién nació la marca en el siglo XX que tan sólo sobrevivió unos 20 años pero cuajó para siempre en el imaginario y el vocabulario de los consumidores leoneses, únicos que saben lo que significa este mítico nombre de refresco.

"Un prieto -o un chato, o un clarete-, dos limonadas y un butano". Hay frases que se oyen en los bares leoneses que dejan boquiabierto y ojiplático al más pintado, a poco que no sea de León de toda la vida. Alguien podrá explicarle al foráneo que tanto un prieto como un chato o un clarete se refiere al vino de la actual Denominación de Origen 'Tierra de León', de la variedad de uva prieto picudo, generalmente rosado.

Lo de la limonada para 'matar judíos' en la Semana Santa quizá le lleve más tiempo, afanándose en negar su aparente antisemitismo y cetrándose en la tradicional mezcla de alcohol afrutado cuyo origen -extraordinariamente relatado en este artículo- o nada secreta receta son hasta cierto punto conocidos. Pero, ¿cómo explicar por qué el butano se llama butano? ¿A qué se refiere? ¿Cómo nació? ¿A quién se le atribuye? ¿Por qué sobrevive en el vocabulario cotidiano de León?

Hasta ahora, ha sido muy escasa y dispersa la información sobre el mítico butano. Se trata de un refresco con burbujas pero ojo: no sólo se nombra así al que es de sabor naranja, lo cual podría hacer presuponer muy correctamente que su nombre proviene del color de la tradicional bombona del mismo nombre, la del gas butano, comercializada desde hace décadas con idéntico aspecto.

Pero es que también existe el butano de limón e incluso, aún en ciertos establecimientos leoneses, el butano de cola. Tal es así que todavía diversas fábricas leonesas actuales de bebidas carbonatadas aún la comercializan con el nombre por el que una inmensa mayoría de clientes la piden: un butano.

La fábrica de 'El tío barbas' en La Corredera

Frente al antiguo Colegio La Milagrosa -hoy Leonés- en la calle Corredera estaba la fábrica de Hobares donde nació y se embotellaba 'Butano', además de las famosas y enormes barras de hielo para las fresqueras de la hostelería leonesa.

Es bastante conocido que Butano fue realmente una marca comercial de refrescos leoneses. Y tiene lugar de nacimiento concreto: el número 7 de la avenida Corredera de León, enfrente del entonces Colegio de La Milagrosa -hoy Colegio Leonés-, donde estaba la fábrica que abrió antes de la Guerra Civil un hombre apodado 'El tío Barbas'. Así lo recuerda nítidamente Juan Pérez, alma mater de la exitosa marca de aguas carbonatadas, cervezas y distribución de otras muchas bebidas bajo la marca de Zerep (Pérez escrito al revés).

Aquella fábrica de La Corredera perteneció a partir de la mitad del siglo XX a la Unión Espumosa Santa Marta, que provenía de la comarca de Laciana, la misma comarca que otra firma muy celebrada y consumida por entonces, Anaical (Laciana escrito a la inversa). Y la Unión Espumosa Santa Marta tenía vinculación con la Cooperativa Provincial de Hostelería y Similares (CPHA), cooperativa que impulsó en esta fábrica de La Corredera una marca de auténtico éxito y que cuajó con potencia en el sector.

Se trataba de las gaseosas Hobares, nombre que procedía de la unión de 'Hoteles/Bares/Restaurantes', que eran los potenciales clientes de aquella autodenominada "gaseosa familiar" y que tenía por eslogan "Deliciosa en todo tiempo".

"Hobares era la fábrica más potente"

"Entonces, el gran negocio estaba en la gaseosa. En todas las casas y en todos los bares se bebía gaseosa, se mezclaba con el vino a granel que las mismas empresas distribuíamos. Pero hay que reconocer que Hobares era la fábrica más potente del sector en León", admite Pérez.

Servía en todas las tascas, del barrio burgués al extrarradio, y vendía además directamente a los muchos leoneses que acudían a La Corredera no sólo a aplacar su sed sino a comprar en la fábrica de Hobares aquellas enormes barras de hielo con las que refrigerar los alimentos en el domicilio o en el establecimiento hostelero, a falta de frigoríficos eléctricos y modernamente autónomos.

Años 60 y 70, la marca no vivió más

"A finales de los años 50 o principios de los 60", afirma Juan Pérez, la fábrica Hobares se dio cuenta de que los niños y jóvenes aún no iniciados en el alcohol, incluso muchas mujeres, únicamente disponían de la gaseosa para alternar, generalmente aquellos domingos y festivos tras la misa de guardar. Y es entonces cuando la emprendedora cabeza de Eliseo Gómez Omar, gerente de la compañía, ideó la fórmula para 'afrutar' la bebida carbónica.

Gómez Omar, conocido por casi todos como 'El tuerto', ocupó cargos relevantes del Sindicato de Hostelería y su visión emprendedora quedó patente también en su personal participación, en calidad de secretario, de la primera Junta Directiva de la Hermandad de Santa Marta, la cofradía de los hosteleros leoneses, a la que estuvo vinculado hasta su muerte en 2001, según recorgió en un reciente artículo Julio Cayón.

La cabeza pensante y Ángel Sastre, el 'artista' del jarabe

Eliseo Gómez -quizá con apoyos- puso la cabeza pensante. Y siguiendo una estrategia de marketing digna de sus etapas más doradas, Hobares vió que la naranja era la mejor expresión de sabor natural y sano.

Una naranja que se representó sobre las habituales botellas transparentes de gaseosa, con una sonriente cara, los ojos cerrados y sorbiendo a través de una pajita de un largo vaso de tubo relleno del nuevo refresco de burbujas. Y esta especie de "Naranjito' avanzado a su tiempo aparece diciendo la frase "Mi jugo, su delicia".

En la parte trasera de la botella, con su característico tapón de porcelana con junta de goma de color naranja para preservar el gas, se especificaba que la embotelladora de aquel dulce licor era C.P.H.A, con número 3187, idénticos datos que los que registraba Hobares.

Por aquella época, la industria gaseosera era casi artesanal. Y necesitaba un artesano para convertir la idea del refresco de naranja en una deliciosa realidad. Pérez recuerda que el artífice del 'jarabe compuesto', es decir, la sustancia base algo densa que contiene y aporta el sabor, fue Ángel Sastre, maestro responsable de esta tarea vital en Hobares.

Butano de naranja, limón, cola... ¡y agua tónica!

Ya solo faltaba el nombre. Y 'Butano', aprovechando el tan peculiar tono de las bombonas de cocina de siempre, fue un hallazgo. Con ese nombre conquistó las barras de todos los bares, con él se metió en la cabeza de cada leonés, con ayuda de una rudimentaria campaña de carteles hechos en latón que ya especificaba que la naranja no era sabor exclusivo de la nuva marca: también existía ya, según esa publicidad, Butato de limón, de cola y agua tónica. En el recuerdo de Juan Pérez incluso existe otra marca 'hermana' que se comercializó durante algunos años con el nombre de 'Butanito'.

El éxito se desató de tal manera que todas las marcas de gaseosas existentes, que eran muchas, tardaron muy poco en subirse al carro del sabor naranja. No les importaba que todas ellas fueran solicitadas por los clientes con un único nombre, que la lógica del color ya había impuesto: Butano.

Muy similares carteles promocionales de ambas marcas de bebidas carbónicas.

La estimación del dueño de Zerep es que la marca desapareció definitivamente a finales de los años 70. Porque "en los 80 cerró la fábrica de La Corredera y se quedó sólo para la distribución de la Mahou". No alcanzó por lo tanto los 20 años de vida, no superó las dos décadas.

Pero los más veteranos hosteleros de siempre en la capital leonesa saben que jamás se dejó ya de pedir "un butano" para los más pequeños o los abstemios, algo que se mantiene aún con enorme fuerza. Quizá a partir de ahora aún más, desde que se desvelan parte de los misterios de una marca mítica.

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