Absueltas las mujeres juzgadas por estafar a un vecino con discapacidad

Absueltas las mujeres juzgadas por estafar a un vecino con discapacidad

La Audiencia Provincial de Salamanca ha declarado inocentes a dos vecinas de Montejo, M.G.T.S. y M.J.M.T., madre e hija, acusadas de un delito continuado de estafa a un vecino con discapacidad. El Ministerio Fiscal pedía inicialmente una pena de cuatro años de prisión para cada una por unos hechos que, según la acusación, se produjeron durante más de tres años desde el 2010, cuando la hija comenzó a cuidar a la madre del denunciante y a ocuparse también de este, que presentaba una discapacidad intelectual y problemas de alcoholemia. Según la acusación, a través de engaños lograron hacerse con distintas cantidades de dinero, hasta sumar unos 132.000 euros. El Tribunal, sin embargo, no ha encontrado pruebas suficientes de que pudiera haber estafa en los hechos que se juzgaron en julio de 2016 en la sala de la Audiencia Provincial. 

Testimonio de las dos acusadas

En el juicio, en primer lugar, declaró M.J.M.T, la hija de las dos acusadas, que aseguró que había sido contratada por el denunciante para cuidar a su madre, envejecida y enferma. “Yo no fui a buscarle. Él me dijo que si cuidaba de su madre, todo los suyo era para mí”. Según la acusada, los pagos no se pactaron formalmente ni quedaban acreditados en ningún sitio. Sobre las disposiciones efectuadas por el denunciante, la acusada aseguró que “se lo gastaban juntos”, reconociendo que llevaban una buena vida, y negando que ella y su madre se quedaran con el dinero. Incluso relató un viaje que hizo junto al denunciante a Madrid “para ver a Belén Esteban”.

Las pruebas giraban en torno a distintos manuscritos aportados por ambas partes en los que se acreditaban las cantidades que el denunciante iba supuestamente entregando a las acusadas. El documento principal fue un pagaré en el que quedaba reflejada la cifra de 31.920 euros, mediante el que la acusada se comprometía a devolver el dinero al denunciante. Dicho escrito se completaba con anotaciones manuscritas efectuadas posteriormente por ambos y que elevaban la cifra hasta la citada anteriormente.

La acusada asegura que hizo el pagaré para tranquilizar al denunciante. “Él tenía miedo de que yo me fuera y dejara tirada a su madre, pero el pagaré se rompía cuando muriera”, explicó la acusada, que también insistió en que el pago estaba condicionado a que “tocara la primitiva” y que en ningún momento le obligaba a la devolución efectiva del dinero. Sobre las capacidades del denunciante, declaró que sí era cierto que conocía su problema de alcoholismo, aunque no considera que sea discapacitado. “Él lo entiende todo muy bien”.

Por su parte, M.G.T.S, la madre de las dos acusadas, explicó que ella se limitaba a regentar su restaurante, en el que comía diariamente el acusado, y cuyas consumiciones consideran que están dentro de los pagos realizados, además del servicio por los cuidados de la madre de este. M.G.T.S. negó que tratara temas personales con el demandante o con su hija acerca de él y su dinero, manteniendo que no estaba al corriente de todo lo que ocurría entre ellos. Sin embargo, el Ministerio Fiscal consideró que parte del dinero del demandante fue destinado al pago de la hipoteca de la madre y por esta razón solicita la misma pena que a su hija.

“Era un préstamo”

El demandante trató de dejar claro que en un primer momento le movía la amistad que creía que compartía con las acusadas y que se siente “estafado y humillado”. Asimismo, aseguró que las disposiciones de dinero en efectivo que entregaba a las acusadas eran en concepto de préstamo y que por esa razón iba anotando las cantidades, “cuando me acordaba”. Aseguró que le había prestado dinero a la hija de las acusadas previamente y que, tanto los pagos por los cuidados de su madre como las comidas en le restaurante, se iban descontando de dicha deuda, aunque sin ningún control ni precisión.

Tras la muerte de su madre en noviembre de 2012, el demandante comenzó a residir en el domicilio de la hija de las acusadas, junto a ésta. La convivencia duró en torno a un mes, según ha reconocido el demandante. Poco después, quiso hacer efectivo el pagaré junto a un primo pero “ahí no había nada”. Otra de sus primas carnales, se hizo con el control de las cuentas del demandante en enero de 2013 y acompañó a este a realizar la denuncia, fechada en marzo de ese mismo año.

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