La muñeca de la Virgen del Carrascal de Cespedosa de Tormes

La muñeca de la Virgen del Carrascal de Cespedosa de Tormes
La imaginería popular ha convertido a la vieja Castilla en un hervidero de fervor. Por doquier rezuman las historias de tallas milagrosas que un día aparecieron de la nada y hoy día son epicentro de la devoción de miles de personas que reclaman su ayuda celestial cuando la acción terrenal nada más puede hacer. Cada pueblo tiene una Virgen y un Cristo que, a su vez, llevan aparejado consigo un relato fantástico sobre su origen. Estas historias son transmitidas de generación en generación, aunque el célere devenir del progreso y la despoblación de las zonas rurales están relegando casi al olvido el folclore popular que hasta ahora había sobrevivido por vía oral a cualquier intromisión del ominoso destino. La Madre de Jesús de Nazaret protagoniza un seguimiento sin parangón en la provincia de Salamanca y raro es encontrar un municipio sin una talla capaz de asombrar a propios y extraños. Es también el caso de la Virgen del Carrascal de Cespedosa de Tormes.

Cuenta la leyenda que había una vez un joven pastor, de nombre Juan de la Berza, que cada mañana acudía desde el pueblo abulense de La Horcajada hasta Cespedosa de Tormes en busca de los mejores pastos para el rebaño que cuidada. Tras abrevar al ganado, regresaban antes de ponerse el sol para así llegar a tiempo hasta la hacienda de su señor. Pero una tarde, al pasar entre unos carrascos, percibió algo que le llamó la atención. Temeroso al principio, fue acercándose con sigilo y parsimonia. Pero la curiosidad guiaba sus pasos. Al llegar al árbol, se encontró con una pequeña figura que asomaba por una abertura del tronco. Era una muñeca. Perfectamente cuidada. En un principio pensó en volver a dejarla donde la hallara, pero discurriendo más sosegado, decidió quedársela para así regalársela a la hija del amo. Metió la muñeca en el zurrón y regresó a casa.

Al llegar a su destino y abrir el talego, la muñeca ya no estaba. ¡Vaya torpeza la mía!, exclamó. Y a punto estuvo de deshacer el camino en busca del regalo, pero había anochecido y tuvo que aguardar a la mañana siguiente. Volvería por sus pasos. Tenía que haberse caído durante el regreso con el rebaño. Y así fue. Al llegar a la explanada de Cespedosa allí estaba la muñeca. La cogió de nuevo y esta vez la introdujo en un saco que anudó concienzudamente para evitar que volviera a extraviarse. Al caer la noche, el pastor regresó a casa, pero al abrir el saco, la muñeca no estaba. Había desaparecido. ¿Cómo era posible? Era imposible que la hubiera vuelto a perder. Pero no. Allí no estaba. Así que, resignado, se acostó dándole vueltas a la cabeza en busca de una explicación.

A la mañana siguiente, el pastor repitió el trayecto… y también resultado. En la explanada estaba la muñeca. Pero en esta ocasión, al intentar cogerla, le habló. El zagal retrocedió de un brinco. “No temas, soy la Virgen y quiero que en este sitio me construyan una ermita”, le dijo. El pastor, incrédulo, huyó despavorido hacia Cespedosa, donde comunicó en la plaza del pueblo todo lo acontecido. Los presentes dudaron inicialmente de su relato, pero al verle tan convencido la duda surgió con fuerza, por lo que decidieron acompañarle hasta el lugar de la aparición. Al llegar, la muñeca había crecido. En su lugar se encontraba la talla de una virgen. Los vecinos de Cespedosa creyeron al pastor y cumplieron con la petición de la talla, edificar una ermita en el lugar para venerar a la que denominaron como Virgen del Carrascal, en honor al árbol en que fue encontrada. 

Desde entonces se la veneraba en romería cada 25 de marzo. Según cuentan los más viejos del lugar, las mujeres rezaban la noche anterior cinco avemarías y una plegaria. Después, tras la misa se celebraban juegos y una capea con vacas del pueblo. Pero, al igual que muchas tradiciones, viajó allá donde habita el olvido, perdiéndose con el paso del tiempo. En la actualidad se venera a la patrona de Cespedosa de Tormes a comienzos de septiembre, pero en el pueblo abulense de La Horcajada todavía se conserva la calavera del pastor Juan de la Berza, dando lugar a otra leyenda sobre su origen y propiedades mágicas.

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