"No estaban vendidos al poder, no recibían subvenciones como sí hacen otros"

"No estaban vendidos al poder, no recibían subvenciones como sí hacen otros"

El prisma quizás más importante que dejó el 15M fueron los movimientos que surgieron tras él, después de que las asambleas que celebraban canalizaran en colectivos con una búsqueda más concreta que el ‘no hay pan para tanto chorizo’ de un movimiento social tan amplio como difuso. En este entraban todas las ideologías porque el objetivo era común. A nadie le gusta ser estafado o robado.

Por esto, entre otras cosas, el movimiento se fue deshilachando en objetivos concretos en muchas ciudades, Salamanca entre ellas. ‘La lucha sigue cueste lo que cueste’ pero lo hace en diversos colectivos en los que cada uno busca una meta concreta y otra global. La concreción, por supuesto, ayuda a fijar el contenido pero le resta visibilidad. Y aquí, las opiniones son de todos los gustos. 

Sin embargo, hay una común. El 15M levantó esperanza y aún sigue vigente cinco años después. Demostró que la pasividad no es el camino a seguir cuando no se puede más y que todavía existe la solidaridad de los que ayudan a quienes están pasando por alguna injusticia, según su modo de ver la política.

El caso más representativo, el que llenó más informativos y portadas fueron los desahucios, por los que Stop Desahucios ya luchaba anteriormente, aunque con otro nombre. Ganaron visibilidad con figuras como la de Ada Colau, ahora alcaldesa de Barcelona, pero hay quienes, más allá de esa esperanza, todavía no sienten que el 15M ayudara. Sí, se han conseguido salvar algunos casos pero el problema persiste. “El 15M fue como un freno a los movimientos, como si les viniera bien a los gobernantes”, opina uno de sus miembros.

De hecho, continúa, “lo que veníamos denunciando, luego lo hicieron ellos. Nosotros hemos seguido nuestra línea. Sí queda un hilo de esperanza de aquellas asambleas en los que todos tenían algo que decir. Es importante salvarlo entre todos”, afirma. Va más allá y recuerda que la causa de todos estos movimientos, incluido el 15M, es justa a pesar de sus críticos. “Hay gente que mira mal en tu lucha y, cuando le toca a él, admiran que alguien que no tiene su problema le esté ayudando”. 

La importancia de los movimientos sociales

“Una de las cosas buenas del 15M es que no estaban vendidos al poder, no recibían subvenciones como sí hacen otros colectivos”. Esta frase resume la idea de lucha social, la de exprimir a las instituciones para intentar lograr algo que ellos consideran más justo. Muchos activistas consideran como bueno el hecho de pasar de estos movimientos a la política “porque tienen otra sensibilidad” que, por otro lado, es muy fácil de perder en altas esferas. “Si la van perdiendo, ahí están los movimientos para que no se duerman”.

Lo que sí creen muchos de los que participaron en el 15M, y que no se quieren declarar como portavoces del movimiento, es que este está en un periodo de reflexión, de escondite, y que solo una chispa puede hacerlo brotar. De momento, algunos ya dicen echarlo de menos pese a seguir con su lucha más objetivada. “Es un momento muy complicado ahora. Ha fraguado el hecho de que mejor 300 euros que nada o el de menos mal que están los padres ahí. Claro que están. Pero el día que fallezcan volverás de la pobreza la miseria. Hay que ser críticos y existe mucha pasividad”, coinciden.

Otro de los problemas es que la meta de fondo que tienen todos los colectivos es acabar con la pobreza. A partir de ahí, unos se quejan de los abusos con la vivienda, otros hacia los agricultores y productores y otros de posibles estafas por parte de compañías telefónicas, de luz o de gas. “Hablamos de un problema global y somos muchos colectivos. El otro día fue a una manifestación a favor de la educación pública en la que estuvimos 50 personas. Hay que ponerse de acuerdo”.

Por lo anterior, el 15M, como todo de cada una de las partes, se añora y se repele, aunque sea lo primero lo que desequilibre algo más la balanza. De hecho, a la pregunta de si se cree que el 15M tiene futuro más allá de su actualidad, todos los consultados confirman, desde el corazón o la cabeza, que es más que probable que vuelvan a llenar las calles si la situación sigue sin mejorar. 

 

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