Dos raspaderas de los años 60 se suman a los fondos del Museo de la Industria Chacinera

Dos raspaderas de los años 60 se suman a los fondos del Museo de la Industria Chacinera

El Museo de la Industria Chacinera ha incrementado sus fondos con dos nuevas piezas donadas por Julián Salinero González gracias a la intermediación de la Cofradía Gastronómica y, más en concreto, de Inés María Bernardo. Se trata de dos raspaderas, piezas metálicas utilizadas en la década de los 60 para quitar el pelo del cochino tras haber sido chamuscado. “Para el Ayuntamiento es una satisfacción que se donen estas piezas pues creemos que el Museo es un proyecto de todos”, explicó la concejala de Turismo, Sandra Méndez Manzano quien recalcó la importancia de esta implicación. “Es muy satisfactorio ver cómo la gente colabora para ampliar los fondos del museo, pues eso redunda no solo en el bien de los guijuelenses, que pueden conocer más detalles sobre cómo era la industria en otras épocas, sino que también favorece el interés para los turistas”, señaló.

De este modo el museo pasa a contar con más de 135 piezas de las que más del 80 % están expuestas. El resto están catalogadas en los fondos del museo. “Es importante que se conozca que los fondos del museo están abiertos a los investigadores y que las piezas no expuestas pueden servir para esa faceta de estudio”, explica Ana Rodríguez Crego, responsable del Museo que abrió sus puertas en 2009 con 99 piezas a las que se han ido sumando, a lo largo de estos años, más de una treintena. “Animamos a todos los que tengan piezas relacionadas con la industria chacinera y la matanza a que se pongan en contacto con el museo y donen eso que tiene en el trastero pensando que carece de valor”, recalca Rodríguez Crego. 

En ese sentido, es importante el papel de intermedidadores que siguen haciendo los miembros de la Cofradía Gastronómica de Guijuelo quienes se encargaron de la recogida de piezas para poner en marcha el Museo. “La gente sigue recordando que éramos nosotros los que nos encargábamos de recoger las piezas y por eso nos siguen llamando cuando encuentran algo que creen puede ser expuesto”, recuerda Inés María Bernardo explicando que en ocasiones los propios dueños desconocen el valor de las piezas. De hecho, una vez decepcionadas son catalogadas y pasan por un proceso de limpieza y restauración en caso de ser necesario.

Además de los útiles de matanza, en el museo se pueden observar otros elementos curiosos como márchamos antiguos, el sistema de sorteo de turnos del antiguo matadero municipal o incluso la vestimenta utilizada por las mujeres de la época para trabajar. En esta línea se ha apostado por configurar un museo muy visual y por ello se hace un llamamiento para potenciar la donación de imágenes antiguas. “Es importante que la gente que viene al museo conozca cómo este negocio marcaba la forma de vida en el municipio en otras épocas”, finalizó. 

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