La bala que acabó, hoy hace 80 años, con el leonés más universal: Buenaventura Durruti

La bala que acabó, hoy hace 80 años, con el leonés más universal: Buenaventura Durruti
GRÁFICO por los principales hitos de la vida del revolucionario anarquista leonés que es reconocido a nivel mundial incluso desde antes de morir por un incierto disparo el 20 de noviembre de 1936 defendiendo Madrid de la ofensiva franquista

En la Ciudad Universitaria de Madrid murió, hoy hace 80 años exactos, un obrero, un sindicalista, un revolucionario, un leonés que se convirtió en universal. El leonés más universal de nuestra Historia. Murió por culpa de una bala incierta. Nunca se supo de dónde salió, si de fuego enemigo de o amiga venganza. O de un accidente infortunado de su fusil Naranjero.

Hace 80 años que murió el leonés Buenaventura Durruti y 80 años que nació el mito, aquel al que lloraron casi 100.000 personas en el entierro celebrado en Barcelona y del que hoy muy pocos ya se acuerdan.

Durruti nació en las postrimerías del siglo XIX, el 14 de julo de 1896, en una modestísima casa de soportales que formaban la típica estampa del barrio de Santa Ana, un barrio obrero y humilde. Hijo de Anastasia Dumage (o Domínguez, que los biógrafos no terminan de aclararlo) y Santiago Durruri, impulsor de la primera asociación obrera de León, por si el segundo hijo de ocho del matrimonio necesitara incentivos para nacer luchador y comprometido.

Estudió pronto y pronto se desencantó, acabando de ajustador mecánico en los talleres ferroviarios leoneses en 1912, donde desde el principio ya se muestra proclive a defender los maltrechos derechos de los trabajadores, en un principio vinculado a la Unión de Metalúrgicos de la UGT, aunque pronto será apartado de esta formación por abogar por acciones radicales frente a la opresión.

Esa radicalización en la huelga de 1917 le llevó ya a su primer exilio, en Francia, donde cambió su vida. Las pocas fotos de la época le retratan con un instrumento musical en la mano, ya que se ganó la vida en París como mecánico pero también como integrante de una pequeña orquesta.

Tras unirse a la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT), y adherirse ésta a la III Internacional, a cuyo II Congreso en Moscú fue enviado como delegado Ángel Pestaña, otro leonés insigne nacido en Santo Tomás de las Ollas -Ponferrada-, en 1921 Durruti regresó a España para formar parte de los grupos de acción anarquista 'Los Justicieros' y 'Los solidarios', del que también formaran parte conocidos anarquistas como Francisco Ascaso o Juan García Oliver, con quien actúa en Barcelona un año más tarde. De aquellos años son golpes bien sonados, como un atraco al Banco de España en Gijón o el asesinato del cardenal Juan Soldevila y Romero de Zaragoza.

Se inicia después un periplo por varios países de Latinoamérica, bajo el nombre de 'Los errantes', de donde regresan en 1926 directamente a París para preparar y ejecutar, se cuenta, un plan de atentado contra el ya muy discutido rey español Alfonso XIII, plan que resulta fallido y acaba con ellos en prisión. Sin embargo, una campaña internacional en su favor consigue que se promulgue un indulto en 1927, año en el que conoce a la que será su compañera en la vida, Emilianne Morán, instalándose con ella en Bélgica y donde nacerá su hija Colette.

En 1931 retorna a la actividad sindical en España y de ese año data su última visita a León, por la muerte de su padre, viaje en el que aprovecha a dar un sonado mitin en la antigua plaza de toros del que alguna fotografía da muestras. Ya sólo regresará por dos ocasiones a la provincia: en 1932 a la cuenca minera de Fabero y en 1936 a Veguellina de Órbigo, punto neurálgico ferroviario y agrícola.

Su vinculación más de la FAI dentro de la CNT, que es contraria a una II República ya decretada pero que considera demasiado aposentada en la burguesía, hace que participe abiertamente en varias acciones de insurrección, como las de Figols o el Alto Llobregat, y eso le supone nuevamente acabar detenido y, esta vez, deportado a Guinea Ecuatorial y las islas Canarias. En estos años, antes del estallido golpista de la Gurra Civil, sus entradas y salidas de la cárcel son tan abundantes como sus acciones y mítines que van agrandando su fama y su figura de contestarario.

Con la guerra, Durruti, como tantos anarcosindicalistas, ve llegado el momento de la acción real. Con el grupo 'Nosotros' lidera la defensa de Barcelona, en la que muere por disparos en plena calle y en plena batalla su compañero Ascaso, e impone que la CNT marque el ritmo en la segunda ciudad de España. Pero pronto se desencanta de las disputas internas en el seno del Comité de Milicias Antifascistas que él había sugerido y creado, con gran éxito, y decide que hay que seguir en plena acción.

Es cuando nace la famosa 'Columna Durruti', que sale de Barcelona para liberar Zaragoza. Pobremente armados, con más ilusión que efectivos, apenas pueden ir liberando pueblo a pueblo y, eso sí, instaurar en ellos una nueva forma de autogobierno que hay expertos que indican que es la primera vez que se aplica de manera real en Europa, gracias a la colectivización, la supresión de la propiedad privada y el comunismo libertario.

Sin poder siquiera acercarse a Zaragoza, en noviembre es palmario que Madrid necesita mucha ayuda para no sucumbir a Francisco Franco y sus tropas. La batalla se libra en plena ciudad y allí se dirige Durruti, con la aureola de salvador que fraguó en Barcelona.

Una fama que truncó una bala en el pecho sobre la una de la tarde del 19 de noviembre, en la calle Isaac Peral. Irónicamente morirá en 20 de noviembre en el Hotel Ritz, por entonces no alojamiento de lujo sino sede del hospital de sangre de las milicias catalanas. Allí se le extrajo la misteriosa bala del calibre nueve largo, la misma munición de su propio fusil, del que algunos dice que salió por accidente, aunque aún existen abiertas -eternamente sin resolver- teorías sobre si se trató de un atentado de los comunistas, de los trotskistas a los que los comunistas señalaron a su vez, o hasta de anarquistas hartos de él.

Las teorías fueron posteriores. Entonces, la prioridad fue esconder durante días su muerte, para que la noticia no hundiera el ánimo del frente madrileño, mientras se embalsamaba su cadáver para ser trasladado a Barcelona. Donde a su funeral y despedida por las calles de la capital catalana acudieron más de 100.000 personas, una multitud histórica que demuestran las fotografías de la época.

Hoy es indiscutible que Durruti es el leonés más universal y de mayor influencia histórica. Se tardaron años en reconocer su figura, con una escultura en la Plaza de Santa Ana, cerca de su desaparecida casa natal. Y poco más. Pero pese a todo, 80 años después de su muerte, aún queda memoria para recordar al héroe del pueblo que quiso cambiar el mundo en un tiempo convulso y violento.

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