Negros, sórdidos y crepusculares

Negros, sórdidos y crepusculares

El Salón de Actos de la Facultad de Traducción ha acogido dentro del XII Congreso de Novela y Cine Negro un encuentro con los escritores Julián Ibáñez (Santander, 1940) y Claudio Cerdán (Yecla, 1981). Bajo el título de “Novela negra, ayer y hoy”, dos de los autores más reconocidos del panorama negro español han charlado acerca de sus libros y de los turbulentos mundos en que se desarrollan. Los dos, de la mano de los codirectores del congreso Àlex Martín Escribà y Javier Sánchez Zapatero, nos han ofrecido sus particulares puntos de vista.

Por un lado, Julián Ibáñez, considerado uno de los clásicos y autores emblemáticos del género negro desde los años ochenta, ha presentado una visión más allá de las modas y booms editoriales. Mientras, Claudio Cerdán, autor de una larga trayectoria heterogénea donde también tienen cabida el western o las novelas de zombis, nos ha aportado las opiniones de uno de los novelistas de género negro más valorados en la actualidad.

Tanto Ibáñez como Cerdán han reconocido su deuda con algunos de los tótems del género como Chandler o Hammett. El santanderino, cuya primera novela apareció publicada en 1980, ha apuntado que comenzó a escribir novela negra a partir de ellos y que nunca ha podido dejar de admirar su estilo “potentísimo” construido, en el caso de Chandler, con “un mínimo de adverbios y adjetivos”. Por su parte, Cerdán ha señalado, recordando también su admiración por los clásicos del hard-boiled, que comenzó a escribir después de leer La llamada de la selva de Jack London, libro que le hizo descubrir su “gusto por la novela que remueve por dentro”.

En este sentido, los dos autores han reconocido su atracción por aquellos “personajes que viven al límite” y se mueven en “ambientes sórdidos y cochambrosos”. Es precisamente en esos mundos poblados por tipos “crepusculares que no encajan en la sociedad” donde ambos desarrollan la trama de sus principales libros. Julián Ibáñez ha recordado al respecto que creció en un barrio donde jugaba a las chapas entre prostitutas y que quizá ahí se puede encontrar la razón de su atracción por esos ambientes. Al hilo, Claudio Cerdán ha señalado que sitúa sus novelas en Alicante porque conoce al detalle “la peor cara de la ciudad” en la que ha vivido y porque, en definitiva, no deja de ser una de las ciudades con más crímenes por habitante de toda España.

Por último, ambos autores han trazado una breve panorámica de la novela negra desde los años ochenta, época que asistió a la eclosión del género con autores como Juan Madrid, Manuel Vázquez Montalbán, Andreu Martín o el propio Julián Ibáñez. Este último ha reivindicado la obra de escritores hoy no tan reconocidos como Mario Lacruz y su novela El inocente, o los libros de Carlos Pérez Merinero, del que ha alabado su fuerza y drástica violencia. Claudio Cerdán, además de sumarse a los ya citados por Ibáñez, ha añadido la obra de Mariano Sánchez Soler, profesor suyo y del que ha reconocido su innegable influencia. Ambos autores han coincidido en que, frente a las grandes ventas de la novela de enigma, la novela negra no puede disponer de un público tan amplio pero sí mucho más exigente.

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