Crece el interés de las mujeres por la ciencia y la tecnología

Crece el interés de las mujeres por la ciencia y la tecnología
Un 54% de los ciudadanos afirma que la ciencia tiene más beneficios que perjuicios, frente a un 5% que afirma lo contrario, según la Octava Encuesta de Percepción Social de la Ciencia de Fecyt

El interés de las mujeres por la ciencia ha subido del 10% en 2014 al 14% en 2016, lo que unido al leve descenso del interés de los hombres, del 20% al 18% hace que la brecha de género se haya reducido a la mitad en solo dos años, su nivel mínimo en la serie histórica, según la octava Encuesta de Percepción Social de la Ciencia que realiza la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, FECYT, de manera bienal desde el año 2002.

El interés por la ciencia y la tecnología sigue siendo mayor en los jóvenes, pues un 23% se declara interesado por estos temas. Sin embargo, el mayor aumento del interés en la ciencia se produce esta vez en el tramo de edad de 45 a 65 años.

En lo que se refiere al interés declarado por la ciencia y la tecnología cuando se pregunta expresamente sobre este tema, se mantiene en un 3,12 en una escala del 1 al 5. Un 40% de la población está muy o bastante interesada en la ciencia (4 o 5 en la escala) frente a un 29% poco o muy poco interesada (1 o 2 en la escala). De este porcentaje de españoles con poco interés, el 33% atribuye su desinterés a que no entiende la ciencia.

Respecto a la imagen que los ciudadanos tienen sobre la ciencia, un 54% afirma que ésta tiene más beneficios que perjuicios frente a un 6% que afirma que tiene más perjuicios que beneficios. Las aplicaciones o tecnologías que más beneficios proporcionan, para los ciudadanos, son: Internet (65%), la telefonía móvil (62%), la investigación con células madre (62%) y drones (41%). 

Crece significativamente el porcentaje de personas que no tienen una opinión formada sobre las tecnologías que despiertan más rechazo, como la energía nuclear, la clonación o el fracking. Además baja de forma significativa, la percepción ciudadana de que la energía nuclear y cultivo de plantas modificadas genéticamente son más perjudiciales que beneficiosos (8 y 10 puntos porcentuales respectivamente), aunque siguen despertando mayor rechazo que apoyo ciudadano.

Los científicos vuelven a ser en esta encuesta la segunda profesión más valorada con un 4,4 sobre 5 (subiendo respecto al 4,24 de 2012), solo por detrás de los médicos (4,55). A continuación se sitúan profesores (4,28) e ingenieros (4,14).

Educación y alfabetización científica

Los ciudadanos perciben un déficit en formación científica aunque desciende del 47% al 44% el porcentaje de los que consideran que su educación científica es baja o muy baja, que sigue siendo superior a los que la califican de normal (42%). Destaca que los jóvenes de 15 a 24 años perciben una mejor educación científica que la media, pues solo un 30% la califica de baja o muy baja, catorce puntos menos que la media.

Este año se ha cambiado la forma de preguntar por conocimientos científicos concretos y los encuestados han tenido que elegir la afirmación correcta entre dos opciones en lugar de decir si era verdadero o falso un enunciado. Los resultados de la encuesta de 2016 muestran que los entrevistados han logrado una nota media mayor, que se sitúa en 7,66 sobre 10, frente al 6,39 de 2014 y el 5,09 de 2006. No se producen diferencias de género en esta pregunta, pero sí de edad, pues los mayores de 65 años tienen un conocimiento menor que la media (6,68).

Este año se ha incluido por primera vez una pregunta sobre la confianza de los ciudadanos en prácticas paranormales o pseudocientíficas. Los resultados revelan que los españoles desconfían de los horóscopos (un 84%), de los fenómenos paranormales (77%), de los curanderos (76%) y de los números y cosas que den suerte (71%).

Sin embargo, los españoles están divididos en dos prácticas pseudocientíficas: el 59,8% confía mucho, bastante o algo en la acupuntura y el 52,7% confía mucho, bastante o algo en los productos homeopáticos. Las personas con mayor nivel de estudios confían más que la media en estas prácticas cuya eficacia no tiene evidencia científica.

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