NUEVO NAHARROS

Desesperación entre vecinos de Nuevo Naharros por los problemas de convivencia en su bloque

Aspecto de las zonas comunes de la urbanización
Desesperación entre vecinos de Nuevo Naharros por los problemas de convivencia en su bloque

Robos, destrozos del mobiliario, ruedas pinchadas e insultos y fricciones constantes salpican el día a día de una comunidad, frente a un reguero de denuncias que continúa sin dar frutos

La convivencia en los pisos de la urbanización ‘La Reguera’ de Nuevo Naharros se ha tornado insostenible según claman parte de sus vecinos. Robos, destrozos del mobiliario, ruedas pinchadas e insultos y fricciones constantes salpican el día a día de la comunidad, frente a un reguero de denuncias que continúa sin dar frutos. Las soluciones no llegan y los vecinos comienzan a estar desesperados.

Se trata del mismo recinto residencial en el que se produjeron los hechos por los que la Guardia Civil detuvo a un varón de 42 años y a una mujer de 33 años por desvalijar una vivienda y un trastero, tal y como informó SALAMANCA24HORAS el pasado 22 de diciembre de 2017 con imágenes exclusivas. Los detenidos habían reventado la cerradura de ambos lugares y robado los enseres que se encontraban dentro. La historia de delincuencia en 'La Reguera' venía de lejos.

Hace ahora dos años, el constructor del bloque, compuesto por unos 45 pisos, consiguió vender 14 de ellos. No, el resto. Poco después, según han denunciado algunos de sus vecinos a este diario, acomodó en las demás viviendas a algunas familias de etnia gitana. Durante el primer año de convivencia las cosas fueron razonablemente bien, aunque de un tiempo a esta parte la situación se ha vuelto “insoportable”.

Siempre según el relato de los vecinos, los nuevos inquilinos plantean situaciones que hacen muy complicado el día a día. Han proliferado los robos en la urbanización y en el resto del pueblo, especialmente de bicicletas y móviles, se acumulan los destrozos en las zonas comunes, son capaces de orinar en portales y llevan a menudo animales de toda condición. Caballos, ponys, cabras o galgos que “no son de nadie” cuando pregunta la Guardia Civil.

Y es que según les ha comunicado la propia Subdelegación del Gobierno en Salamanca, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado pueden actuar, de facto, fuera del recinto privado de la urbanización. Sin embargo, lo que ocurre dentro debe ser denunciado en Comisaría y los requerimientos judiciales a estos inquilinos se acumulan uno tras otro. Incluso, dicen, llegan a boicotear los nuevos alquileres ahuyentando a los interesados. En la imagen inserta a continuación, el aspecto que mostraba la urbanización antes de su llegada.

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Otra de las preocupaciones de las personas que han contactado con este diario es que sus convecinos no pagan las cuotas de la comunidad. Revelan además que tienen enganchado el gas con mangueras de agua, con el peligro que eso representa, y que también sustraen el suministro eléctrico. A este respecto, la compañía les ha respondido que ya cuentan con un remanente para robos de este tipo y que no les compensa enviar a alguien a poner una solución.

Las familias afectadas tampoco ven con buenos ojos el dinero que, según dicen, reciben sus vecinos por parte del Estado. Ayudas por maternidad para las mujeres, pensiones de exclusión social que alcanzan los 500 euros mensuales, manutención por parte de las asociaciones de reparto de alimentos y ayudas a estas familias por tener a sus hijos escolarizados.

Precisamente por eso, la situación también está afectando a la vida en el colegio del municipio. Anteriormente, había alrededor de una veintena de alumnos matriculados. En la actualidad, hay cinco o seis decenas de escolares y el resto de familias, según revelan, se han visto obligadas a comenzar a retirar a sus hijos del centro debido a los problemas que han surgido entre compañeros.

En definitiva, una compleja e indeseable situación que está sumiendo en la más absoluta desesperanza a una parte de los vecinos de las urbanización de pisos ‘La Reguera’ de Nuevo Naharros, que siguen sin recibir ningún tipo de respaldo por parte de las instituciones y que solo pueden ahondar en su hartazgo a la espera de una solución.

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