La red de tuberías de Salamanca suma 390 kilómetros. Un largo entramado a través del subsuelo de la capital del Tormes que todavía sufre numerosos reventones debido al material de fabricación. En torno al 40% de esta red, más de 150 kilómetros, es todavía de fibrocemento, un material en desuso que actualmente es sustituido por la fundición dúctil.

Las tuberías de fibrocemento comenzaron a utilizarse en las primeras décadas de 1900 y hasta la década de 1960-1970 se utilizó ampliamente tanto en sistemas de abastecimiento de agua potable como en sistemas de riego por presión. Pero al detectarse sus perjuicios, en España se prohíbe su uso y comercialización a partir de junio de 2002, ya que la exposición frecuente al amianto, por medio de la inhalación de sus pequeñas fibras, puede ocasionar enfermedades irreversibles, como la asbestosis y el cáncer de pulmón.

Por su parte, las excelentes cualidades de la fundición dúctil son el resultado de su proceso de fabricación y de los modernos revestimientos interiores y exteriores que son incorporados. A la aleación de hierro, carbono y silicio se añade también magnesio que es el elemento que hace que el grafito forme esferas y no láminas. Gracias a ello es posible lograr un material altamente resistente y maleable, eliminando así su posible fragilidad. 

El resultado es una aleación muy sólida, capaz de resistir a presiones internas muy altas y cargas externas. Sus características permiten, por ejemplo, la instalación de tuberías con rellenos de zanja poco cuidados o en terrenos inestables. Pero sus propiedades no terminan ahí, también hay que destacar su alta resistencia a cambios extremos de temperatura tales como congelación y descongelación; además del inmejorable comportamiento mecánico que hace posible su instalación en elevadas o mínimas alturas de cobertura, garantizando su constancia en el tiempo.

 

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