A raíz del análisis de la situación del sector comercial en la ciudad, SALAMANCA24HORAS ha querido recabar en la historia de uno de los negocios que lleva marcando desde hace casi un siglo y medio el paso del tiempo en la capital.
El alemán Adolfo Winzer, según rezan antiquísimos documentos aparecidos en prensa y otras revistas, fue el primer propietario de la Relojería y Óptica Winzer. Sito anteriormente en la Rúa, hoy se levanta en la calle Quintana justo a la espalda de la Plaza Mayor y de frente a la Iglesia de San Martín. Sin duda, en uno de los principales enclaves comerciales de la ciudad.

Tras el fallecimiento del alemán el negocio es traspasado a principios del siglo XX a quien fuera el abuelo de los actuales propietarios, Delfino y Demetrio Gómez, que junto a su madre Flérida Montero regentan a día de hoy este establecimiento reconvertido en uno de Fotografía y Relojería. 

?Quitamos la óptica porque mi padre era óptico, pero nosotros no, y tuvimos que reconvertir y dar un enfoque nuevo al negocio. De ahí surgió la fotografía, campo en el que también nos tuvimos que especializar por su evolución dedicándonos más a las fotos de estudio, bodas, etcétera. Hoy cámaras se venden muy pocas y de revelar fotos ya ni hablamos. La gente las hace con un teléfono móvil y las guarda en su ordenador?, señala Delfino Gómez.

Pese a su tradición y de tratarse de uno de los comercios consolidados en la ciudad, indican desde Winzer que la pérdida económica se ha notado por lo casi imposible que resulta hacer competencia a las grandes superficies aunque se saca para cubrir los gastos. ?Tienen facilidades de las administraciones para poder instalarse, parking propio, mayor margen para hacer ofertas, etcétera. En el centro no tenemos esa estructura y hay gente que no tiene fácil venir hasta aquí aunque estamos en un sitio privilegiado. Hoy en día muchas familias que vienen a comprar viven en el extrarradio y tienden a coger el coche para ir a los centros comerciales aunque el trato con cliente sea diferente y cercano por nuestra parte?. 

Finalmente, a Delfino Gómez le gustaría que otra generación continuase con el negocio. Sin embargo, cree que ?será imposible?. Por tanto, y lamentablemente, el tic-tac de Winzer parece tener fecha de caducidad. ?De mi abuelo, que cogió el negocio en 1917, pasó a mis padres y lego a mi hermano y a mí. Pero creo que esto ya no va a ir más lejos?.

 

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