Durante los últimos dos días la Universidad de Salamanca ha acogido el encuentro ‘Radar and SAR Systems for airborne and space-based surveillance and reconnaissance’, una cita organizada por la OTAN a través de la Science and Technology Organization (STO), que se encarga del desarrollo de la I+D. Destacados expertos internacionales han hablado de los avances en el campo de los radares y de cómo la combinación con otros sensores, dispositivos y tecnologías busca mejorar la seguridad, por ejemplo, frente a actos terroristas.
 
Uno de los investigadores más importantes a nivel mundial es el alemán Wolfgang Koch, que trabaja en el Fraunhofer Institute for Communication, Information Processing and Ergonomics (FKIE). En la jornada de hoy ha explicado alguno de sus proyectos de investigación más punteros, encaminados a mejorar la seguridad frente a actos terroristas, algo que es posible gracias a sofisticados sensores y al análisis de la información que proporcionan.
 
“La principal aplicación es la identificación de individuos que pueden portar explosivos dentro de una multitud de personas”, ha señalado en declaraciones a DiCYT (www.dicyt.com). Existen sensores químicos sensibles a este tipo de amenazas, pero no es posible que funcionen en lugares con un gran tránsito de personas y que, por lo tanto, registran una gran diversidad de olores, como una estación de tren o un aeropuerto. Por eso, uno de los retos en los que su equipo ha comenzado a trabajar es poder analizar la información que proporcionen diferentes sensores y realizar un seguimiento de posibles sospechosos.
 
Múltiples aplicaciones
 
Aunque las aplicaciones relacionadas con la seguridad y la defensa militar constituyen, en principio, el principal foco de interés para la OTAN, la tecnología relacionada con los radares puede ofrecer otras muchas aplicaciones y algunos de los grandes expertos mundiales que se han dado cita estos días en Salamanca ofrecen testimonio de ello.
 
El investigador italiano Gianfranco Fornaro, investigador del Institute for Electromagnetic Sensing of the Environment (IREA) del National Research Council (CNR), ha explicado que su trabajo consiste en monitorizar riesgos ambientales procesando imágenes en 3D. Esto se traduce en vigilar la actividad de volcanes, terremotos, corrimientos de tierra o acciones humanas que también pueden influir en la morfología terrestre como las extracciones de tierra y aguas subterráneas o la minería.
 
Por su parte, Murat Efe, científico de la Universidad de Ankara (Turquía) que también ha ofrecido una ponencia dentro de este encuentro de la OTAN en Salamanca, señaló la importancia de las técnicas de fusión de datos “para tratar de darle sentido a la información” que proporcionan los radares junto con sensores de todo tipo: acústicos, eléctricos u ópticos.
 
Empresas
 
Este encuentro de la OTAN se celebró hace pocos días en Roma y en Londres y antes de que acabe este mes de octubre se trasladará también a Wachtberg (Alemania). Además de los ingenieros militares, un encuentro de este tipo sirve para que las empresas de cada país conozcan de primera mano las líneas de investigación en este campo. De esta forma, pueden colaborar en su desarrollo u ofrecer tecnología complementaria. Es el caso de Luis Monterve, de la empresa Tecnobit, que trabaja en el campo de la vigilancia con equipos electroópticos y sistemas de comunicaciones tácticas. “Para nosotros, el radar es un complemento que mejora las capacidades de nuestros sistemas de vigilancia”, asegura. La presencia de esta compañía en el foro de la OTAN no tiene como objetivo adquirir muchos conocimientos en la tecnología del propio radar, sino “saber mínimamente cómo funciona y qué puede ofrecer para que esa integración sea lo más eficiente posible”.
 
En este sentido, “el radar funciona desde los años 40, pero cada vez tiene mejores prestaciones”, recuerda el especialista. “En nuestro caso, se puede aprovechar porque el radar te genera una alerta y nuestro sistema electroóptico te ofrece la evidencia, por ejemplo, de que alguien ha invadido una zona prohibida”. Es decir, que el radar genera las alertas que hacen las cámaras proporcionen las imágenes y a su vez las cámaras complementan al radar eliminando la posibilidad de que sea una falsa alarma. “La conjunción de ambos sistemas produce un sistema mucho más eficiente desde el punto de vista de la vigilancia”, apunta.
 
El sistema puede servir para proteger un edificio concreto o tener un alcance mayor en una zona determinada. “El radar es como un murciélago, emite señales y las recibe; si se reciben a una distancia no prevista, significa que hay un obstáculo. Pues bien, lo que nosotros hacemos con la cámara es ver de qué se trata y esto puede procesarse de forma automática o pasar a un operador humano”, comenta el representante de Tecnobit.
 
Aunque la aplicación más inmediata se encuentra en el campo de la defensa y la seguridad, esta combinación de tecnologías tiene unas posibilidades enormes en otras áreas, como “poder explorar una ciudad a través de satélite y saber cuáles son las deformaciones de los edificios del orden de centímetros por año”. Esta posibilidad abre la puerta a realizar “prospecciones muy interesantes sobre cómo está derivando la plataforma que soporta una ciudad entera y, a partir de ahí, se podría averiguar cuándo las casas se pueden caer o cuándo un terremoto puede tener unas consecuencias determinadas”.
 
Los radares han sido desarrollados históricamente por las grandes potencias mundiales, pero España tiene un interés en no depender del extranjero en una tecnología tan estratégica y las empresas tecnológicas más avanzadas no se quieren quedar atrás.

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