Las luces ya están colgadas en las calles, esperando a ser encendidas, y el frío ha venido cargado de guantes, bufandas y gorros, una estampa muy propia de la Navidad. Pero a pesar del clímax, que incita a la compra compulsiva navideña, y llena los escaparates de luces y las tiendas de gente (aunque sólo se apara refugiarse del tiempo helador), los transeúntes no se sienten animados a gastar mucho este año. 

“Este año no hay regalos, tenemos para los gastos justos”, dice una señora, que asegura que tener modestos ahorros para pagar lo más básico, como pueda ser la luz. Los ciudadanos han optado por ahorra este año en todo, tanto en las comilonas típicas de Navidad, cuyo rey es siempre el marisco, como en los regalos, que cada vez ocupan una mayor parte de las fiestas, ya que son muchos quienes los obsequian como celebración no sólo en Reyes, sino en Nochebuena. 

También hay quienes se toman con humor el tema, y se lanzan a la piscina del derroche. “Hay que tomarlo con humor, porque si no…Pero no creo que nos vayamos a recuperar pronto. Si acaso vamos a peor”. Algo es seguro: este año, el espíritu navideño se llevará más dentro que fuera, y la superficialidad y el gasto (a menudo innecesario), dejarán paso al disfrute en familia y al valor de lo más humilde. 

 

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