La Semana Santa es fervor, devoción y fe, pero también sentimiento y creencia. Así lo puso en práctica cada día de su vida cofrade José Jaime Pérez-Moneo Mañosa, uno de los fundadores de varias hermandades a mediados del siglo XX, sentando las bases de lo que hoy es una Fiesta de Interés Turístico Internacional. Socio número 2 de la Unión Deportiva Salamanca, a sus 86 años, con más de medio siglo de cofrade, es memoria viva de la evolución de la Semana Santa salmantina.
 
Tal era su pasión, que de niño incluso se escapaba de clase para poder acudir a las procesiones. “Toda la familia estaba muy metida en la Semana Santa”, recuerda. Y es que su padre formaba parte de la Cofradía del Cristo de la Agonía y un hermano también era miembro de otra congregación. En aquella época el colegio donde estudiaba no consideraba festivos los días de procesión, pero él decidía hacer pellas para poder desfilar, arriesgándose al correspondiente castigo.
 
Cuando la Semana Santa salmantina se encontraba al borde de la desaparición, sin apenas cofrades, José Jaime fue uno de los precursores que logró resucitarla, modernizando unos desfiles que fueron recuperando poco a poco la atención de los fieles. En los años cuarenta fue fundador de varias hermandades y llegó a desfilar hasta en siete procesiones un mismo año. Un baúl repleto de hábitos da testimonio de una época en la que su familia se encargaba de todo lo concerniente al paso del Cristo de los Doctrinos. 
 
“Íbamos a buscar ramas a Aldeaseca, porque entonces no había ni para flores”, rememora.Tantos eran los hábitos en ese baúl que algún año llegaron a equivocar parte del atuendo. “Mi padre cogió un capirote que no era y entonces los agujeros de los ojos le quedaban en la boca, y tuvimos que salir corriendo para coger el correcto”, recuerda. Porque entonces todos los cofrades llevaban su hábito en una bolsa y se cambiaban en la iglesia minutos antes de salir.
 
El resurgimiento
 
Durante tres décadas fue secretario de la Vera Cruz, viviendo uno de los episodios más difíciles de la Semana Santa. En los años 70 el seguimiento de los salmantinos era escaso, fruto de una época de cambios en la sociedad española tras la muerte de Franco. “No había gente para desfilar, éramos muy pocos y hasta ofrecíamos propina para que participara el público”, explica José Jaime. Una época también de anécdotas, como una vez en que al final de una junta de gobierno de la Vera Cruz el párroco de la Purísima les pidió el libro de actas, se lo dejó y no lo recuperó hasta veinte años después, pues el cura enfermó, se trasladó a otra ciudad y no devolvió el libro.
 
Gracias a la labor desinteresada de aquellos cofrades, la Semana Santa salmantina fue evolucionando hasta alcanzar hoy día unas altas cotas de participación. No sólo durante estos días, sino también el resto del año. Porque la actividad de las cofradías ya no se circunscribe sólo a estos días de Pasión. “Ahora hay más cofradías . La organización es más o menos similar que entonces, sí se han incrementado las bandas, porque sólo estaba la Cruz Roja, la OJE y las de los regimientos de los ejércitos. La esencia sigue, ahora se hacen más actos todo el año, ahí se ha ganado bastante”.
 
En 1992 dejó el cargo de secretario de la Vera Cruz, pero José Jaime continúa fiel a la Semana Santa, esperando que pueda lograr la popularidad que gozan otras ciudades de España. “En otros sitios hay más entusiasmo por la Semana Santa, aquí ahora lo vamos sintiendo más, pero falta mucho”, asegura.
 
José Jaime es el testimonio de cómo la fuerte convicción por una creencia puede convertir las ideas en hechos. Hace más de medio siglo luchó por la Semana Santa salmantina y ahora contempla los frutos desde el reposo que otorga la experiencia. Porque aquel que tiene fe, nunca está solo.

SALAMANCA EN PROCESIÓN
 
Cimbreante cíngulo Nazareno,
Túnica con olor a incienso,
Hebillas de cera derramada,
Rosarios en dedos penitentes,
Luceros adormecidos de luz,
Cirios con aroma intenso,
Procesión de lunas ardiendo,
Sonido de soles eternos…
Pasas,
Encendiendo en mi mente,
La pasión,
Que apagada y ausente
Procesiona lánguida y solemne 
Por las calles de mi Salamanca.
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JOSE JAIME PEREZ-MONEO GARCIA

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