Juan Pedro Bolaños, investigador del Instituto de Biología Funcional y Genómica (IBFG), centro mixto del CSIC y la Universidad de Salamanca, ha protagonizado una charla dentro del ciclo Conferencias Dioscórides. El asunto central de su exposición ha sido que “el incremento progresivo de la esperanza media de vida de la población humana tiene ciertos efectos secundarios, uno de ellos es el incremento de la probabilidad de desarrollar un tumor y otro, el incremento de la probabilidad de sufrir enfermedades neurodegenerativas, sobre todo demencias”.
 
Bolaños es especialista en este segundo aspecto y por eso ha enfocado la conferencia en las enfermedades del sistema nervioso. “El problema es que las neuronas deben mantenerse constantemente activas y eso tiene un precio, sobre todo desde el punto de vista bioenergético, es decir, necesitan recibir energía constantemente para mantener la neurotransmisión”, ha explicado en declaraciones a DiCYT (www.dicyt.com).
 
La transmisión de los impulsos nerviosos es un proceso que no se puede detener en ningún momento. “Tú puedes parar el tono muscular mientras duermes, pero no puedes detener la neurotransmisión y eso tiene un precio que está relacionado con el propio mecanismo molecular de la generación de la energía, que está inexorablemente unido a la formación de especies reactivas de oxígeno, lo que se llama estrés oxidativo”, ha comentado.
 
Por lo tanto, la combinación del incremento de la longevidad con la necesidad de mantener activo constantemente el proceso de la neurotransmisión podría ser un factor que esté influyendo en el incremento de demencias a medida que va pasando el tiempo. ¿Qué se puede hacer ante ello? El investigador ha lanzado un mensaje de esperanza ante un público mayoritariamente joven y universitario: los buenos hábitos determinan una buena calidad de vida durante el envejecimiento.
 
Por otra parte, la respuesta ante las posibles enfermedades pasa por la ciencia, que hasta ahora se centra en la ciencia básica a través de experimentos que ayudan a entender los procesos esenciales. “Los modelos experimentales son los únicos que te dan respuestas, más que los modelos humanos. La observación clínica no siempre satisface las previsiones basadas en los resultados de los animales de experimentación”, afirma.
 
Esto es así porque la experimentación básica se diseña de tal modo que los científicos controlan todos los factores de los experimentos. Sin embargo, el ser humano sigue siendo demasiado complejo, con diferentes comportamientos y características genéticas mucho más variadas que las de los animales de experimentación. Por eso, las predicciones de los experimentos básicos no siempre van acompañados de resultados clínicos y esto hace que, por el momento, no sea fácil encontrar soluciones para las enfermedades, según el experto.

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