Los sistemas educativos que encabezan el ranking de PISA (Finlandia, Japón, Canadá, Corea del Sur y Nueva Zelanda) conceden una amplia autonomía a sus centros educativos. Por ello, el Ministerio de Educación quiere impulsar la autonomía de los centros educativos en el plano organizativo, curricular y de gestión económica.
 
Se trata, en definitiva, de dar más margen de acción a los centros para que tengan capacidad de adaptarse a las necesidades de sus alumnos, con un incremento paralelo de su responsabilidad en la rendición de cuentas. Para llevar esto a la práctica es necesario, en primer lugar, incrementar las competencias de los directivos y promover la profesionalización en la gestión de los centros. Y, en segundo lugar, fijar estándares, es decir, precisar los conocimientos mínimos que deben alcanzar todos los alumnos en las distintas etapas. 
 
Los resultados de estas pruebas no van a afectar a los expedientes académicos de los alumnos pero sí servirán para premiar a los que hayan obtenido mejores resultados y más se hayan esforzado. "Ya he señalado que uno de los indicadores que queremos mejorar es el de la excelencia (España tiene un 3% alumnos excelentes frente al 8% de media de la OCDE). Del mismo modo, nuestro propósito es que de estas pruebas se deriven incentivos positivos para los centros, nunca negativos. Que sirvan para el benchmarking, es decir, para comparar y difundir buenas prácticas", según explicó recientemente el ministro de Educación, José Ignacio Wert.

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