Dos operaciones, incluida una mastectomía, catorce sesiones de quimioterapia y treinta y dos de radioterapia después, Agustina Gómez está ya curada del cáncer de mama que hace ocho años le comunicaron que tenía. Es ya una de las tantas superheroínas con las que nos cruzamos continuamente en la calle. Y es que de esa enfermedad antes casi impronunciable se sale. Y se hace en casi un 90% de los casos en España. 

Agustina, o Tina, como la conocen, es una de ellas. No se puede decir que fuera fácil porque se estaría engañando a las que lo padecen pero lo cierto es que se sale. Ella es hoy una mujer a la que apenas le quedan restos de los malos ratos físicos por los que tuvo que pasar y que, además, se ha convertido en alguien más fuerte que entiende mejor la vida, que consigue empatizar más con el resto de personas. 

Este es el prisma a través del cual se tiene que mirar la enfermedad, aunque en un primer momento todo sea ?llanto y desesperación?. Es importante, recuerda Tina, tener gente alrededor que te comprenda, algo realmente complicado. Por eso ella agradece enormemente a la Asociación Española Contra el Cáncer, que tanto le ha ayudado en momentos difíciles. Su recomendación para todas las personas que lo estén padeciendo es acudir. Interiorizarlo y acudir para que la parte menos conocida de la Asociación se convierta en algo imprescindible en su vida.

La labor humana y a la vez profesional que realiza AECC, asegura Tina, hace más fácil que año a año aumente la esperanza de vida para los enfermos de cáncer. Allí ha conocido, comenta, ?a personas extraordinarias e increíblemente luchadoras? a las que ?ni en un montón de vidas podría devolverles? lo que le han dado porque entender la enfermedad es esencial para recibir una ayuda de garantías.

No quita méritos, por supuesto, a todos esos amigos y familia que ha estado tan cerca de ella en todo momento, aunque considera que lo mejor en estos casos es normalizar la situación. Tina sigue siendo Tina, como lo fue durante los años de enfermedad. Y sabe bien de lo que habla porque pasó por dos fases en su enfermedad. Una primera en la que se refugió en sí misma y su fortaleza en la que pasó una operación, seis sesiones de quimioterapia y treinta y dos de radioterapia y otra segunda en la que buscó la ayuda necesaria y que ha resultado ser vital para que ella, ahora, solo tenga que acudir a una revisión anual. ?Me costó, fui muy reacia. Pensaba que podía con todo y no es verdad?, recuerda. 

Sentimientos desconocidos que afloran

Entiende, no obstante, a esas personas que no saben ayudar. La enfermedad aflora sentimientos que no se conocían por parte de la misma persona y que no puede sentir la persona de fuera. Lo físico afecta a los psicológico y lo psíquico lo multiplica De ahí la importancia de que también se tenga al lado a un experto. Todo ayuda, todo suma para salir.

Eso sí, lo principal para ella sigue siendo normalizar la situación de la enfermedad, de la propia palabra cáncer, que antes costaba tanto decir y que cada vez se va viendo como algo de lo que se puede salir. ?Cáncer era sinónimo de muerte, ahora lo es de tratamiento y de me voy a curar?, dice orgullosa no por ella sino por todas las personas que en algún momento tienen que pasar la enfermedad. 

De todas formas, la palabra sigue impactando cuando se escucha por primera vez. El pensamiento, entonces, debe ser el de mirar al futuro, a ese 90% de supervivencia. Un número, además, que sigue aumentando pese a que las enfermas o exenfermas como Tina sigan reclamando más atención a las instituciones. Se necesita más dinero para investigar, para que lleguen a saber algún día de dónde viene y, sobre todo, mucho más dinero para tratar a los enfermos más allá del tratamiento. ?¿Qué pasaría si no estuviera AECC? Lo de antes: Diagnóstico, cirugía y a tu casa. El Estado tiene que fijarse en ello?.

 

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