Fue uno de los artífices del éxito de la Capitalidad Cultural Europea en 2002. Su experiencia en la gestión de programación cultural como vicerrector de la Universidad llevaron al entonces alcalde Julián Lanzarote a proponerle como coordinador general de todos los actos y no se equivocó. Enrique Cabero logró que las infraestructuras llegaran a tiempo y la amplia programación apenas se modificase. Ahora, con el paso del tiempo, recuerda para SALAMANCA24HORAS cómo se gestó el magno evento y las repercusiones que ha tenido para la ciudad y su provincia.

- Diez años después, desde la distancia que imprime el tiempo, ¿cómo recuerda aquellos días?

- Recuerdo cómo en el Consorio Salamanca 2002 hubo dos etapas realmente distintas, una hasta la presentación de la programación de manera oficial en un acto en el Ayuntamiento, en diciembre, con el catálogo que se elaboró, con las incertidumbres que se generaban porque en aquel momento estaban sin concluir los edificios de la Capitalidad y había cierta sensación en la ciudad, muy emocionada, de que lo mismo no iban a estar a tiempo y la programación no se podría desarrollar. La segunda etapa, cuando ya está todo presentado, viene el momento para gestionar, no sólo para definir, en varios campos, en la programación en sí misma y para que los edificios no sólo estuvieran terminados, sino desarrollados plenamente porque se habían programado estrenos, el más inmediato la sala de Santo Domingo con la exposición de Rodin, o el teatro Liceo y así sucesivamente hasta el Multiusos Sánchez Paraíso. Junto a eso la promoción del acontecimiento, era fundamental, los beneficios fiscales para los patrocinadores, materiales, información.
 
- Eso de estar pendientes hasta el último momento es muy español. Ya le pasó a la Expo de Sevilla, las Olimpiadas de Barcelona, y al final llegaron.
- He vivido otras capitalidades y ha sucedido lo mismo, incluso he estado en inauguraciones sin las obras concluidas. Aquí conseguimos gracias a un equipo muy competente de personas que los trabajadores del consorcio entrara ya en sus tareas de gestión antes de que terminaran las obras. Si no, era imposible cerrar la programación, que no se vio alterada a lo largo del año, sólo hubo una suspensión del grupo Oasis y fue por problemas en la voz del solista, llegaron demasiado pronto a Salamanca y disfrutaron demasiado de la ciudad. 
 
Fueron más de mil cien actividades durante un año, porque ésa era nuestra intención, que fuera todo el año, mientras que en Brujas empezaron en febrero y terminaron en noviembre. De las capitalidades que conozco, y son muchas, ésta es en la que mayor implicación ciudadana ha habido, sin ninguna duda, se ha estudiado posteriormente. Se llevaba muchos años esperando, desde el propio alcalde Jesús Málaga, después Fernández Trocóniz y Julián Lanzarote, fue un proyecto colectivo por encima de opciones políticas. En el congreso de la Unión Europea en 2010 por los veinticinco años de las capitalidades culturales fuimos invitados expresamente para hablar del caso de Salamanca y eso es lo que se recuerda, la gran capacidad de la ciudadanía para implicarse en el proyecto.
 
- ¿Hasta dónde constataron esa repercusión?
- Desde el punto de vista de la difusión estoy muy contento de los resultados que dieron un convenio con la agencia Efe, otro con Europa Press y luego la agencia Salamanca 2002, que se creó con El País, con mucha presencia en el extranjero, sobre todo Iberoamérica. Nos encontramos a Salamanca hasta en una página de información cultural de Teherán, también tuvo mucha repercusión en Japón gracias a Turespaña y el Instituto Cervantes. 
 
- ¿Se hizo todo lo que se quiso o lo que se pudo?
- Eso nunca se sabe, porque siempre se hace lo que se puede, obviamente, pero me parece que se hicieron bastantes cosas. Por un lado fue importante para Salamanca, una ciudad de cultura, dotarse de una infraestructura cultural de la que carecía, sobre todo de titularidad municipal. Cuando presentábamos la programación entre Universidad, cuando yo era vicerrector, Ayuntamiento, Diputación y Junta el único teatro abierto era el Juan del Enzina y no lo podíamos cerrar para reformarlo porque si no la ciudad se quedaba sin teatros. Por eso se ha aprovechado después para realizar la reforma del Juan del Enzina. Y eso ha permitido a la ciudad ir creciendo, luego supuso un impulso a eventos posteriores como Plaza Mayor 2005, o el Festival Internacional de las Artes de Castilla y León, una dinámica de gestión cultural que también sirve de base al octavo centenario de la Universidad den 2018. De alguna manera Salamanca mantiene esa línea de trabajo, la búsqueda de acontecimientos culturales.
 
- ¿Se han aprovechado lo suficiente desde entonces los nuevos edificios surgidos del 2002?
- Es verdad que los nuevos edificios culturales tienen una gran capacidad, incluido el Multiusos, no para conciertos. Deberían haber tenido una programación mayor. Siempre eché de menos desde la segunda mitad de 2003, cuando el consorcio dejó de tener actividad, una mayor implicación del Gobierno y la Junta en la programación cultural de la ciudad. Nunca es tarde para reivindicar la creación de centros de producción cultural. Se hubiera abierto una línea para la creación de empleo entre los programadores salmantinos, eso nos hubiera ayudado mucho pero no ha salido, habrá que seguir insistiendo.
 
También habría que aprovechar la capacidad empresarial de la cultura, Salamanca debería disponer de un polígono o un campus de la industria cultural, desde la gestión hasta la creación, la producción y la impresión. Ahí tenemos que profundizar, el nombre de Salamanca es una buena marca cultural, ese punto nos falta y tenemos que intentar dar ese paso, y más en este momento para dinamizar la economía y el tejido empresarial. Debería haber una política específica de promoción empresarial en el sector cultural.
 
- ¿Es posible ahora mismo, con la que está cayendo a nivel económico?
- Salamanca se puede convertir en un referente de la formación para jóvenes artistas, incluso para la exposición de su actividad al exterior, captación de jóvenes artistas extranjeros. Eso además de generar una importante dinámica cultural en la ciudad viene a subrayar la dimensión educativa, tenemos ya centros como el Conservatorio Superior, la Escuela de Artes, varias facultades de la Universidad, la Filmoteca Regional, muchas opciones que se pueden ampliar, lo he propuesto en el patronato de la Fundación Salamanca Ciudad de Cultura. Puede ser la ciudad soñada por cualquier persona que quiere dedicarse al arte, ésta sería una buena propuesta para incrementar el prestigio de la ciudad y complementar la oferta, incluso con actividades mirando hacia Iberoamérica haciendo de Salamanca el gran centro español de formación de artistas. Donde sí nos hemos desarrollado más es en el sector turístico.
 
- Pero claro, al final todo depende de lo de siempre, dinero, ¿o hacer realidad este gran centro de formación de artistas es más cuestión de voluntad?
- Hasta cierto punto. Las inversiones las tenemos hechas, los edificios del 2002 no están saturados de funcionamiento, nos permiten tener más actividad. Es sobre todo un esfuerzo de coordinación entre administraciones y de gestión, es un proyecto fundamentalmente de promoción conjunta. También tenemos la infraestructura básica para eso, el profesorado. Se necesita la voluntad política, pues desde el punto de vista empresarial el Ayuntamiento tiene suelo disponible para facilitarlo. A las empresas no les supondría mucho coste trasladarse hasta Salamanca, hay proyectos en la ciudad como los que se realizan en la Cámara de Comercio que pueden orientarse a este campo. Casi todas las empresas de cosméticos y moda quieren tener su sede en Paría y Nueva York sólo por nombre, eso es un refuerzo a la marca, parece que es mejor la empresa por estar allí. Nosotros podríamos hacer lo mismo con la cultura, cuando además viene el octavo centenario de la Universidad.
 
- Al final, de todo lo acontecido la gente siempre se queda con las anécdotas. ¿Cuál es la suya?
- Recuerdo el inicio de la venta de localidades en Salamanca. Fue uno de los primeros problemas de gestión, recibimos muchas críticas, y creo que merecidas, a través de un sistema que no se había utilizado, la venta por internet. Recuerdo que estábamos en Brujas, en la inauguración, el teléfono no me paraba de sonar y volvimos rápido a Salamanca porque resulta que el mismo día salían a la venta las entradas de la gira de Operación Triunfo, y claro, el mismo día y a la misma hora los ordenadores se colapsaron.
 
- Y de toda la programación, ¿de qué se siente más orgulloso?
- Destacaría las grandes actividades que hubo en la calle, porque ahí es realmente donde se podía medir el interés, la ilusión y la implicación de los ciudadanos de Salamanca. No lo olvidaré nunca. Pocas ciudades, tal vez ninguna, se han sentido tan vinculadas a un acontecimiento cultural, que no era deportivo. Siempre estaré agradecido.

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