La historia de Salamanca está repleta de grandes nombres que quedaron escritos con ribetes de oro sobre artesanales libros. Personas que forjaron la identidad y evolución de la capital del Tormes. Sin embargo, en ocasiones fueron los lugartenientes quienes movieron los hilos en la sombra, y así lo reconoce en algunos casos el callejero salmantino. Un ejemplo es el deán Polo Benito.

Esta pequeña vía entre Toro y Azafranal se denominó hasta bien entrado el siglo XX como la calle Sin Sol, siguiendo la tónica de la zona. Como ya se ha visto anteriormente en esta sección dominical, Vázquez Coronado era la calle Sol por la luminosidad que atesoraba, Sol Oriente se denominó a la perpendicular, y esta calle en dirección hacia la plaza de Santa Eulalia recibió la denominación de Sin Sol al ser umbría, todo lo contrario de quien después el dio nombre, una persona que quiso aportar luz a Salamanca.

José Polo Benito fue un sacerdote diocesano salmantino que a comienzos del siglo XX promovió el desarrollo de la paupérrima comarca de Las Hurdes junto con el obispo Jarrín en la diócesis de Plasencia. Ya en la capital charra, colaboró con el padre Cámara en levantar la Basílica de Santa Teresa en Alba de Tormes. Gracias a sus logros fue nombrado deán de la Catedral de Toledo, donde, ironías de la vida, quien intentó aportar luz falleció en circunstancias sombrías al inicio de la Guerra Civil Española, en 1936.

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