La Universidad de Salamanca ha iniciado un estudio que a lo largo de los próximos meses tratará de explicar cómo evoluciona un brote de Acinetobacter baumannii, una bacteria extremadamente resistente a los antibióticos y muy presente en entornos hospitalarios, sobre todo en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI). Los investigadores recopilarán datos para establecer un modelo matemático que revele cuál es la mejor forma de actuar para prevenir una epidemia.
 
“Queremos estudiar la adquisición de resistencia y bajo qué condiciones se produce una epidemia”, afirman en declaraciones a DiCYT (www.dicyt.com) María José Fresnadillo, científica del Departamento de Medicina Preventiva, Salud Pública y Microbiología Médica de la Universidad de Salamanca, y Ángel Martín del Rey, que pertenece al Departamento de Matemática Aplicada.
 
Ambos departamentos han participado en la creación de modelos similares para explicar el comportamiento de otros brotes de enfermedades contagiosas en entornos relativamente acotados, como la meningitis meningocócica y llevan tiempo trabajando en el estudio de la resistencia de las bacterias a los fármacos, pero es ahora cuando han logrado financiación de la Fundación Samuel Solórzano para poner en marcha la investigación sobre Acinetobacter baumannii.
 
El hábitat de máxima higiene de un hospital provoca la adaptación de este tipo de microorganismos, que desarrollan estrategias para mutar y sobrevivir en un entorno muy cargado de agentes antimicobianos que los amenazan y pueden acabar colonizando materiales y aparatos.
 
La resistencia a algunos antibióticos puede ser intrínseca y natural por las características del microorganismo en cuestión, pero a menudo también es una resistencia adquirida, es decir, que en un principio la bacteria sí es sensible a su acción, pero posteriormente desarrolla la resistencia. “Tienen una gran capacidad para mutar adquiriendo ácidos nucleicos extraños”, explica María José Fresnadillo.
 
El número limitado de pacientes y personal sanitario que puede tener una UCI hace que este entorno sea especialmente indicado para analizar cómo se propaga la bacteria y qué medidas son las más adecuadas conforme a las experiencias que van quedando registradas de casos en los que se ha producido el brote. Por ejemplo, qué combinación de antibióticos puede ser la más adecuada o qué rutinas diarias son las más eficaces. Entre unos hospitales y otros puede haber algunas diferencias en protocolos relacionados con usar guantes, lavar los pomos de una puerta o evitar el ingreso de nuevos pacientes en la unidad en caso de brote, pequeñas variantes que pueden influir en la propagación de una epidemia.
 
Datos registrados
 
La ventaja es que cuando se produce un brote todas las acciones quedan registradas y sobre esos datos acumulados en diferentes centros y circunstancias se puede elaborar el modelo matemático de propagación de Acinetobacter baumannii. Los resultados pueden ser de gran utilidad para saber cuál es la mejor manera de manejar estas situaciones de acuerdo con las características de cada caso.
 
“El propio personal sanitario puede ser un foco de contaminación”, indican los expertos. Así, algunos resultados preliminares indican que reducir los turnos puede ser un factor clave para evitar la propagación fuera del centro, pero combinar toda la información disponible es imprescindible para desarrollar un buen modelo.
 
Además, los pacientes de una UCI son especialmente sensibles ante cualquier infección, ya que además de su habitual estado de debilidad y bajas defensas, generalmente están tratados para varias patologías o son sometidos a varias operaciones, de manera que están conectados a diversos tubos, catéteres o sondas que son puntos de acceso para las bacterias.
 
El modelo matemático de propagación de Acinetobacter baumannii podría servir para otros tipos de bacterias y convertirse en una herramienta informática de utilidad para la prevención y la gestión sanitaria. Con el desarrollo de los antibióticos, a mediados del siglo XX se pensó que algunas enfermedades bacterianas terminarían, pero ahora se ha descubierto que las bacterias se hacen resistentes para sobrevivir, de manera que la lucha y la investigación continúan.

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