Un banco de germoplasma es una instalación en la que se conserva material vegetal disponible para formar nueva planta. Generalmente, por su facilidad de manejo y efectividad para la reproducción, suelen ser semillas, pero en realidad sirve cualquier parte de la parte de la planta que sea capaz de generar una nueva e incluso pueden guardarse ejemplares completos. El Centro Hispanoluso de Investigaciones Agrarias (Ciale) de la Universidad de Salamanca ha puesto en marcha un banco de germoplasma cuyo principal propósito es conservar plantas amenazadas en Castilla y León, aunque está ampliando sus objetivos y ya se ha convertido en pionero en el estudio de hongos.
 
La labor de los científicos que trabajan aquí es “conservar algo que está vivo”, destaca José Sánchez Sánchez, responsable de esta instalación, y por eso una vocación habitual es ocuparse de proteger la flora más cercana, como hace este banco, en concreto, con ocho plantas de Castilla y León especialmente amenazadas por su escaso número de ejemplares. Entre ellas, está Geranium dolomiticum, especie vegetal endémica de El Bierzo, o Astragalus devesae, una leguminosa que se encuentra en Ávila.
 
Un aspecto importante es que sólo se puede recolectar como máximo un 5% de las semillas que se puedan formar en un grupo de plantas ubicado en un determinado lugar, precisamente, para no contribuir a su desaparición. Además, dentro del pequeño grupo de plantas amenazadas, los científicos deben procurar obtener la mayor variabilidad genética posible, de manera que es mejor recoger semillas de varias plantas que de una sola. “Ante una posible sequía es posible que una planta en concreto no resista, pero que sí lo haga otra genéticamente mejor adaptada a esta circunstancia”, explica.
 
Repoblar
 
Aparte de las ocho más amenazadas de la comunidad autónoma, el Banco de Germoplasma del Ciale ya ha recolectado material de otra veintena de plantas con un grado menor de amenaza e incluso semillas de plantas que en la actualidad no están en peligro, pero que pueden servir para repoblar una zona en un determinado momento.
 
Un aspecto clave de un banco de germoplasma es la investigación, ya que, “el problema de muchas plantas amenazadas es que se desconoce cómo han de ser conservadas y cómo germinan”, de manera que los científicos realizan muchas pruebas en este sentido. El trabajo con las semillas es fundamental, ya que en ocasiones con el paso de los años pierden viabilidad. Por ejemplo, “se sabe que las semillas de leguminosas, en general, tienen la cubierta muy gruesa y hay que lijarlas, quemarlas e incluso introducirlas en ácido sulfúrico para conseguir eliminar dicha cubierta y acelerar la germinación”, apunta el investigador. Todo ello da lugar a publicaciones científicas, aunque de manera muy lenta porque los estudios se prolongan mucho en el tiempo.
 
Instalaciones y equipamiento
 
Contar con el equipamiento apropiado es esencial para que los investigadores lleven a cabo su trabajo, por eso, el Ciale cuenta con un espacio específico reservado al banco y dotado con material óptico apropiado para realizar estudios morfológicos de las plantas y sus frutos; una máquina contadora de semillas; secadoras de semillas; cámaras de incubación donde experimentar con distintos tipos de iluminación, por ejemplo, para la germinación; cámaras frigoríficas; e invernadero.
 
Por otra parte, “un banco de germoplasma no puede existir aislado”, así que existen convenios con otros, cómo el banco del Jardín Botánico Atlántico de Gijón, para guardar algunos materiales en común.

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