Pese a los siglos de historia que rezuman por el casco antiguo de Salamanca, muchos nombres de sus calles apenas alcanzan los cien años, como muestra de la constante evolución de una ciudad donde parece detenerse el tiempo, pero que siempre avanza. Denominaciones en homenaje a quienes destacaron en su labor diaria, como ocurre con Francisco de Vitoria.

Esta pequeña vía entre las plazas de San Isidro y Anaya conecta las dos cumbres monumentales de Salamanca, la Clerecía y su Catedral. Antaño era el acceso principal a la seo, pues la Rúa Mayor no se abrió completamente hasta finales del siglo XIX. Por tanto, al ser un eje de comunicación junto a la puerta del Sol de la vieja muralla y cerca del antiguo azogue, se convirtió en una de las muchas calles gremiales de la ciudad. De ahí que se la conociera como la rúa de los entalladores, pues en ningún documento aparece nombre alguno para esta calle, conocida como la que va de San Sebastián a San Isidro, de San Isidro a Santa María o de las Escuelas a San Isidro.

Con el paso de los siglos, los antiguos oficios fueron desapareciendo y la calle se transformó en lugar administrativo. El Cabildo poseía allí la conocida como casa del beato, pero destaca sobre todo la presencia de la oficina de Correo. De ahí que durante el siglo XVIII se la conociera como calle de la estafeta.

No es hasta 1927 cuando el Rey Alfonso XIII crea la Asociación Internacional Francisco de Vitoria, con sede en Salamanca, y como homenaje al fraile dominico que destacó por sus ideas en la capital charra, donde falleció, se decidió darle el nombre de esta calle. Una vía íntimamente ligada con la Universidad al ubicarse allí la antigua Facultad de Derecho y ahora la Facultad de Traducción y Documentación.

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