Familias con niños que padecen algún tipo de cáncer hacen un llamamiento a la sociedad para que donen sangre. Quieren llamar la atención sobre la importancia decisiva que tiene en el ánimo de sus pequeños, la renovación de la sangre después de cada ciclo de tratamiento con medicación. Las devuelve vida. "Por mi hijo, por los niños que hoy quieren luchar y vivir, porque cualquier día tú lo puedes necesitar. Por favor, haceros donantes", solicitan. 

"?No era real...?" A menudo, las desgracias ajenas pasan por un lado sin salpicar sus devastadoras consecuencias en el propio seno. ?"Muchas veces vi en la televisión o en Internet casos de niños con cáncer. '?Pobrecitos'?, solía decir"?. Esther es madre de un niño oncológico de tres años. "?Esto no me pasará a mí, solemos pensar?". Y no siempre.

Era 24 de agosto. "Fuimos a Urgencias porque el niño estaba estreñido y ni los supositorios lo solucionaban", recuerda Esther. Tras unas pruebes pertinentes recibió la fatal noticia. "Mi hijo de tres años y medio tenía un tumor", confirma. Esther cuenta que negó el diagnóstico todo lo que pudo, contemplando otras posibilidades. "Pero esto es la vida real, existe el cáncer infantil y a mí me había tocado", sentencia.

Fue entonces cuando descubrió que había muchos tipos de cáncer que pueden afectar a los niños. "Depende del nombre y apellidos que tenga, éste lleva un tratamiento u otro y quizás puede tener o no solución. Mi hijo fue diagnosticado de Linfoma de Burkitt. Tenía metástasis en estadio tres. En el hígado, el bazo o el abdomen, había tumores por todas partes. Sus pulmones tenían líquido y comenzaba a respirar mal", describe. Esther sentía que era irreal. "Todo sucedió de repente. Mi niño estaba enfermo".

Una vez hubo aceptado la situación, comenzaron el tratamiento junto a los servicios clínicos y el equipo de oncólogos y pediatras. "Trabajaron duro para tener diagnosticado y bien revisado todo. En dos días mi hijo ya recibía quimioterapia y había una esperanza". relata. Con las vías de solución en marcha, Esther empezó a vencer temores.

"Primero temes al cáncer, después tienes miedo a la quimioterapia y las contraindicaciones que pueda tener sobre tu hijo y después tienes miedo a las analíticas, ya que sus niveles de defensas caen en picado, igual que sus plaquetas" revela.

Es entonces cuando cobra importancia la sangre. "Junto a los antibióticos, hacen que mi pequeño coja fuerzas y se recupere después de cada ciclo. Es increíble lo animado que está una vez que le ponen su sangre. Con la última bolsa, se animó tanto que se pasó cantando y bailando en la habitación del hospital hasta las dos de la mañana, justo ese día terminaba un ciclo", sostiene. Considera increíble que "una simple bolsita de sangre me devuelva a mi niño".

Por eso, donar sangre es tan importante. "Hay muchos niños oncológicos, no solo mi hijo, que después de cada ciclo necesitan sangre. Nadie puede imaginar la cantidad de niños con cáncer que hay en Salamanca. No hasta que lo vives". Esther ya no piensa 'pobrecitos' al verles, ahora se inspira pensando, 'qué valientes, qué fuerza'. "Son dignos de admiración, son mis pequeños héroes. Tienen más fuerza que un adulto para luchar, porque ellos tienen mucho por lo que vivir, no se derrumban y se reponen enseguida".

Porque tienen derecho a una infancia normal, un simple gesto como donar sangre puede ayudarles mucho. Se trata de un mínimo, el resto lo hacen los médicos y enfermeras de la tercera planta del Hospital Clínico, pero es fundamental. "Los cuidados, las atenciones y los ciclos, todo junto hace que mi niño esté ganando al bichito del cáncer".

 

 

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