A comienzos del siglo XX, se encarga al ingeniero discípulo de Saturnino Zufiaurre, discípulo de  Gustave Eiffiel, la construcción de un  segundo puente. El Puente Nuevo, como se llamó en la época, se empezó a construir en 1902. Posteriormente recibirá el nombre de Puente de Enrique Estevan, ya que fue éste, en calidad de concejal, quien propulsó su creación al oponerse al ensanchamiento de calzada que la Dirección de Carreteras quería llevar a cabo en el Puente Romano. Posteriormente se abrió al tráfico el 22 de octubre de 1913, fecha en que fue inaugurado.
 
El puente Enrique Estevan cuenta con una longitud de 220 metros y una anchura de diez, según explica José María Fraile. Se eleva sobre seis arcos metálicos, de 33 metros cada uno y un radio de 43, sostenidos sobre cinco pilares de fábrica de sillería de granito, al igual que los dos estribos. La pasarela está protegida por una barandilla metálica con adornos y farolas. Toda la construcción cuenta desde 1998 con iluminación artística que resalta sus atractivos junto al resto de monumentos salmantinos.

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