El teatro Liceo ha acogido este sábado la puesta en escena de la obra 'La escuela de la desobediencia', interpretada por las actrices María Adánez y Cristina Marcos. Se trata de una obra contemporánea escrita por Paco Bezerra y dirigida por Luis Luque sobre textos del siglo XVI y XVII. Ambas dan vida a dos primas, Susanne y Fanchon, que mantienen dos diálogos muy bien hilvanados a lo largo de la representación. En el primero, la conversación gira en torno a los hombres. En ella, Susanne (Cristina Marcos), libre de prejuicios morales, intenta convencer a su inexperta prima Fanchon (María Adánez) de las múltiples bondades del placer sexual. En el segundo diálogo Susanne nos muestra cómo las lecciones que su prima le enseñó han dado sus frutos. Precisamente el director de esta obra define a los personajes que interpretan María Adánez y Cristina Marcos como mujeres "libres, divertidas, irónicas, sabias, inocentes, idealistas, inteligentes y transgresoras".

Susanne, tras visitar a la hija de un pariente, que acaba de ingresar como monja en un convento cercano, cambia de rumbo y acude veloz a hablar con su prima Fanchon al enterarse de la existencia de un plan destinado a que ella también se ponga los hábitos. A través de la curiosidad, el deseo y el placer carnal, Susanne incitará a su joven prima a despertar sexualmente para, de esta forma, poder decidir el mejor de los caminos a escoger, teniendo en cuenta los únicos tres estados a los que la mujer de la época podía aspirar: casarse con un hombre impuesto por su padre, meterse a monja o hacerse cortesana.

Ante la resistencia de Fanchon a creer en las palabras de su prima, Susanne decide invitarla a “matricularse” en una singular escuela, portátil, clandestina y ambulante, donde ella misma es la profesora y en la que, según dice, aprenderá a desaprender todo lo que le han enseñado hasta el momento para volver a aprenderlo todo de nuevo por sí misma: la escuela de la desobediencia.

De esta forma, y antes de que la terminen obligando a ingresar en el convento —si es que el plan familiar acaba surtiendo efecto—, Fanchon va, poco a poco, pasando de lección en lección mientras descubre los verdaderos intereses de la educación femenina, a la par que satisface su intelecto y su propio deseo sexual hasta convertirse, sorprendentemente para la época, en una mujer libre. Eso sí, ¿a cambio de qué precio?

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