La vida a veces da un vuelco de la noche a la mañana y obliga al ser humano a desarrollar su olvidado instinto de supervivencia. Así le ocurrió a José Andrés, un extremeño de 52 años que pide limosna por las calles del centro de la ciudad y ha relatado brevemente su experiencia para SALAMANCA24HORAS. Una historia que corrobora la existencia de grupos dedicados ‘profesionalmente’ a la mendicidad en la capital del Tormes.

Tras sufrir las consecuencias de la crisis y peripecias familiares que no desea compartir, José Andrés llegó a Salamanca durante la pasada primavera para iniciar una nueva vida. Sin prestaciones ni subsidios, ni apenas pertenencias, sobrevive desde entonces con la ayuda puntual del Centro de Emergencia Social de Cruz Roja o el Banco de Alimentos, además de pedir limosna en la calle. Al principio buscó un trabajo en la construcción y el campo, pero desistió. “A los que tenemos más de cincuenta años ya no nos quieren, somos viejos para esta sociedad”, se lamenta.

José Andrés no tiene un lugar fijo. Algunos días se encuentra en la calle Toro, otros en la calle Zamora, en esta ocasión este diario lo ha encontrado en la avenida de Portugal junto a un supermercado. Y es que hay quienes consideran su territorio determinados puntos de la ciudad. “Me han llegado a amenazar por estar en un sitio reservado para pedir”, asegura, lamentando que “por culpa de rumanos y gente así” cada vez hay un mayor recelo de los ciudadanos a entregar dinero a indigentes en la calle, para “los que de verdad necesitamos ayuda”.

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