Hay calles de Salamanca cuya historia, pese a recordar algún personaje ilustre en la historia de la ciudad o un acontecimiento reseñable, quedan marcadas para siempre por los hechos acontecidos en algunos de sus edificios. Porque la piedra dorada de la capital del Tormes escucha el acontecer pausado de sus gentes y podría relatar hasta la eternidad el devenir de aquellos hombres y mujeres que marcaron una época. Así ocurre con la calle Meléndez.

Entre la Clerecía y la plaza del Corrillo se ubica la calle en recuerdo a Juan Meléndez Valdés, poeta, jurista y político español que comenzara sus estudios en la Universidad de Salamanca, donde llegó a ser catedrático para posteriormente formar parte del Consejo de Estado durante la invasión napoleónica, siendo considerado como un afrancesado. Pero el arte que rezuma esta calle va mucho más allá del poeta fallecido en el exilio.

La calle Meléndez fue anteriormente la calle Sordolodo, una desviación lingüística de gordolodo, la planta medicinal utilizada para intentar curar la tisis. Entonces abarcaba hasta lo que hoy es la Plaza Mayor de Salamanca, antaño la vasta plaza de San Martín. Al final de la vía, en el chaflán de la calle Compañía, se encuentra un edificio con un relieve que recuerda a Juan Maléndez Valdés. Durante el siglo XIX, en su interior se organizaban importantes fiestas con la presencia de los mejores tenores, algunos llegados incluso desde Italia. Un lugar para el disfrute del arte, pero también de la lujuria, fuente de infecciones, de ahí que, cuenta el saber popular, muchos lugareños pasaran por la zona con la planta del gordolodo entre sus manos con la esperanza de evitar ser infectados.

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