La historia de Alejandro y Sergio -utilizamos identidades falsas para salvaguardad su intimidad- es la de cualquier pareja que tras comenzar una relación sentimental se plantea el futuro en compañía de un hijo o una hija. La única diferencia es que ambos son del mismo sexo, un hecho que a diferencia de hace unos años, hoy en día no plantea ningún problema.
 
No están registrados como pareja de hecho, pero nunca ocultaron su relación y por ello no adoptaron como familia monoparental. 
 
Su historia se remonta a hace más de 12 años, cuando comenzaron una relación de amistad que fue convirtiéndose en “algo más”. Pasado un tiempo iniciaron la convivencia en común y los planes de futuro entre los que figuraba el deseo de tener un hijo o una hija. “Pensábamos que el proceso duraría más tiempo, nos habían dicho que era largo, y lo que no esperábamos en que en tan solo dos años y medio tuviéramos aquí a la pequeña”, asegura Alejandro.
 
Tras barajar como primera opción la adopción internacional, finalmente la desecharon porque sus posibilidades se reducían un par de países como Brasil o El Salvador ya que en otros como en China está prohibida la adopción por parejas homosexuales. Fue entonces cuando decidieron consultar con la Junta de Castilla y León, con la que concertaron una primera cita.
 
“Nunca nos sentimos discriminados durante el proceso”, asegura Alejandro, aunque es cierto, que durante unos meses en los que no recibieron noticias dudaron de sí el hecho de ser una pareja homosexual podría haber frenado la solicitud. Sin embargo, comprobaron que se trata de plazos normales dentro del propio proceso.
 
Primeras citas
 
En las dos primeras citas con la Junta les explicaron los beneficios y desventajas tanto de la adopción nacional como internacional, y al poco tiempo les emplazaron para realizar un curso obligatorio de cuatro sesiones, tras el cual ya entraron a formar parte del listado de familias adoptantes.
 
Pasados unos meses comenzaron con las entrevistas presenciales y Alejandro cree que precisamente fue en las mismas donde radicó la clave para que el proceso fuera tan rápido. “No pedimos un bebé sano, sino que aceptábamos un pequeño riesgo, y tampoco descartábamos que fueran hermanos”. De hecho, les ofrecieron la posibilidad de adoptar a un niño de 7 años, pero tras meditarlo mucho -en las preferencias habían indicado una edad máxima de 4 años- lo rechazaron. 
 
No tardaron mucho en volverse a poner en contacto con ellos y notificarles la existencia de una pequeña de cinco meses dentro de la clasificación de bebés no sanos. “Tras ver el informe médico y consultarlo con un especialista dijimos que sí muy rápido, al día siguiente”.
 
La pequeña tiene ahora 2 años y 5 meses, es un bebé feliz que crece en un entorno rodeado de cariño y amor, y es que pese a las reticencias iniciales de las familias de ambos, “ahora es la alegría de la casa”. Eso sí, siempre contaron con el apoyo de los amigos, que les animaron en los momentos de incertidumbre.
 
Alejandro y Sergio nunca olvidarán aquel 28 de junio de 2012 en el que le entregaron a su hija -precisamente el Día del Orgullo Gay-. Su vida ha cambiado mucho, como la de todas las parejas “antes nos íbamos de viaje, ya no salimos por la noche, y empiezas a comprender a los amigos que no hacían más que hablar de sus hijos”, afirman. Sin embargo ha merecido la pena, la adaptación de la pequeña fue fácil, y ahora su máxima preocupación es cuando empiece el colegio -tanto por la reacción de sus compañeros como del propio profesorado-.
 
Ellos hablan con la pequeña, le explican con normalidad los tipos de familia y pese a su corta edad es perfectamente consciente de que tiene dos papás. De hecho a uno siempre se llama “papá” y al otro “papi”.
 
Seguimiento
 
Superaron con éxito las sesiones de seguimiento de la Junta, y en este sentido quieren destacar el buen trato recibido en todo momento por la Administración regional, así como el buen servicio que ofrecen, que supone un “coste 0” para las familias adoptantes.
 
Ahora su próximo reto es formalizar su unión, “más que nada por la niña”, aunque su deseo es hacer una celebración privada, que a veces de forma inevitable se convierte en un “bodorrio”. “Lo que sí tenemos claro es que queremos algo informal”, aseguran.
 
Ese día contarán con el apoyo de sus familias, de sus amigos y con la presencia de una pequeña a la que la vida le ha dado una segunda oportunidad para ser feliz. Porque el cariño y el amor no entiende de sexos, y porque en pleno siglo XXI en la diversidad está la riqueza.
 

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