La nueva reforma educativa del Gobierno pretende eliminar casi completamente la cultura clásica de los programas educativos en la ESO y el Bachillerato, afectando de esta forma a la supervivencia de numerosas carreras universitarias que giran en torno a estos conocimientos.

-¿Qué influencia tiene que las clásicas desaparezcan en colegios e institutos?

-Partimos de que es una reforma que sigue sin concretarse; ha habido dos borradores, el primero claramente negativo para las clásicas y el segundo que nos deja en la situación anterior pero que perjudica a otras asignaturas como filosofía por ejemplo. Es una cuestión en el plano personal y general. 

Por otra parte, tiene que ver con la situación de crisis. En líneas generales se tiende a suprimir todas las plazas de las asignaturas que no tengan un número considerado “suficiente” de alumnos.  Nosotros ahora tenemos por ejemplo un mínimo de tres plazas que se vaya a suprimir, una de ellas en Salamanca y dos en Ciudad Rodrigo. El problema que hay con esto, es que en clásicas no hay de donde retroceder: si quitan a un profesor, esto supone la extinción. Estamos intentando por todos los medios que no se supriman estas plazas, ya que en carreras como éstas, es prácticamente imposible volver atrás y reestructurarlo todo.

Este proceso de incertidumbre es triste y doloroso.  La enseñanza clásica es completamente necesaria; desde el punto de vista práctico es imprescindible para muchas profesiones. Editoriales, gestión cultural, enseñanza, selección de personal, etc.  Si únicamente se dejasen carreras de formación técnica o científica, perderíamos una parte importantísima. Alguien tiene que saber a dónde vamos, y esto sería renunciar a toda la historia de la humanidad, a todo lo que sabemos. 
 
- La universidad de Salamanca, en especial la Facultad de Filología, tiene un gran prestigio, y no sólo nacional. ¿Esto puede influir para que la incidencia de la legislación sea menor? 
- En la junta directiva, naturalmente toda la sociedad está interesada porque esto es cortar la raíz. Si no hay este tipo de estudios en bachiller, se terminarán suprimiendo en la universidad y supondrá su extinción. 

Vamos a reunirnos próximamente con la directora provincial para hacerle ver lo que supone para ciudad Rodrigo esta desaparición. Estos chicos no van a  tener oportunidad a acceder a esa enseñanza. 

Es un campo complejo;  a veces se deja extinguir y otras -como esta- se corta de raíz. Somos conscientes de que con la crisis son muchas las especialidades afectadas, no sólo nosotros. 

También está la Junta Nacional que se reúne con asesores en la Moncloa: el propio ministro Wert es muy tecnocrático y está vertido en asignaturas directamente aplicables. Entonces sabemos muy bien qué punto de vista se va a imponer. Si vuelve a salir un borrador o se confirma que la ley no es favorable a las humanidades, seguiremos intentando llamar la atención para cambiarlo y advertir el error que están cometiendo. Esta decadencia está propiciada por la política que viene de arriba.

La Universidad de Salamanca está muy centrada en las humanidades.  Concretamente dentro de filología clásica, ya que es bastante antigua la especialidad y tiene mucho prestigio que luchamos por mantener. La universidad en sí, atrae  estudiantes. En Valladolid hay otra especialidad y tienen menos alumnos, así que parte del mérito es de la tradición. De alguna manera Salamanca intenta ir siempre delante, y también esto tenemos esa capacidad, movilizarnos para despertar a los que siguen dormidos.  Somos un departamento grande, con muchos alumnos. Es una lástima. 

 
- El acto celebrado el pasado 12 de diciembre tuvo mucha acogida. ¿Piensan celebrar más lecturas reivindicativas o alguna manifestación?
- Todo depende de las circunstancias en las que se pueda hacer algo de ese tipo. Como sistema de protesta pacífica nos pareció que fue una experiencia muy buena. El curso que viene simplemente con que esta amenaza siga estando, estoy segura de que tendremos menos alumnos, menos subvención, menos posibilidad de defender estos estudios… estoy segura de que tendremos que hacer algún tipo de protesta. La reivindicación por las clásicas ha tenido una acogida muy especial, desde distintos niveles. No quisimos dejar a nadie fuera. Se ha hecho en más sitios de España con personas muy conocidas que les ha dado una dimensión mayor. Es muy agradable, divertido, y a título personal nos enseña mucho.

Los actos reivindicativos en cuanto a lecturas, partía de una asociación de Murcia, donde se consiguió movilizar a mucha gente.  Nosotros desde la Asociación de Estudios Clásicos, estamos apoyando estos movimientos. Somos más de 5000 socios, una de las mayores a nivel de Europa.  Nos reunimos 3 veces al año, y la próxima será en febrero. Además en muchos institutos se han hecho muchísimas protestas  con gran acogida. De alguna manera, tenemos que hacer valer delante de cualquier gobierno, que no ha de ser el gobierno que pasó a la historia por acabar con los estudios clásicos.

 

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