SALAMANCA24HORAS continúa desplazándose por la geografía salmantina para conocer la historia de cada barrio. En esta ocasión, realiza la parada en el Alto del Rollo, lo que para muchos es el inicio de Puente Ladrillo, y concretamente en el kiosco ‘El Golosito’, que con quince años a sus espaldas es el negocio más veterano de la zona.
 
Dentro se encuentra Sebastián Martín, un hombre atento y amable que cuenta que los comercios de su alrededor han ido desapareciendo o cambiando de gerencia, haciendo de su kiosco el más antiguo. “El último que quedaba era la pastelería de la esquina, pero la mujer se jubiló y hace poco falleció”, relata con pesar.
 
Además, explica que en la zona no se da a los pequeños negocios la importancia que realmente tienen: “Es un barrio que no valora las tiendas de barrio, no nos valora lo suficiente como servicio, no son conscientes al cien por cien”. Y hace especial hincapié en la diferencia de atención mostrada al cliente entre los establecimientos pequeños y las grandes superficies, donde la confianza y el asesoramiento individualizado empeoran.
 
Por su parte, comenta que toda esa zona antes era un terreno sin asfaltar, con los coches aparcados en cualquier lugar y únicamente con un par de calles definidas. “Esto antes era un barrio costero, porque se vendía mucho costo”, bromea.
 
Respecto a su negocio, afirma que ha mejorado con el paso de los años llegando incluso a multiplicar la diversificación de productos un 300% en estos 15 años. Durante la primera década creció poco a poco y ahora con la crisis se ha estabilizado sin llegar a descender, aunque el poder adquisitivo de los clientes sea menor. No obstante, desde su puesto ha observado un cambio de tendencia entre los niños de hoy en día y los de antes: “Antes eran más golosos, ahora tienen otros entretenimientos como los videojuegos, pero antes sólo existían las chuches y los cromos”.
 
Como anécdota, asegura que los primeros clientes que tuvo en su kiosco, los niños entre 10 y 12 años, ahora han formado sus respectivas familias y llevan a sus hijos a comprar. Eso siempre y cuando no hayan emigrado del barrio, ya que asegura que su población activa es una población mayor, ya que para los jóvenes únicamente es un barrio dormitorio.
 
Un clásico del fútbol salmantino
 
‘Sebas’, como así se lo conoce, además de regentar un kiosco fue también futbolista de las categorías inferiores de la Unión Deportiva Salamanca, terminando siempre con una buena cantidad de goles en su haber. Hace unos años decidió pasarse al fútbol modesto, donde ha hecho carrera en el Seyprol, antes de decidirse a montar su propio equipo, el Sprint (actual Jintenas). Sin embargo, una lesión de rodilla le tiene apartado desde hace un año de los terrenos de juego. El denominador común, al igual que ocurre con sus clientes, es el cariño que le depara la gran mayoría de sus compañeros y excompañeros, puesto que es una persona de las que hace piña dentro del vestuario.
 
Desde su experiencia en el mundo del deporte, pues antes también tuvo una tienda especializada en este sector, lamenta profundamente que un campo con unas dimensiones óptimas como es el del Rollo esté prácticamente inutilizado: “Allí ya sólo juegan equipos de cafeterías, deberían darle el campo a una persona que tuviera un proyecto serio para él y para un club deportivo y no sólo pensara en llenarse los bolsillos”.

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