Fue la primera mujer candidata a la Alcaldía de Salamanca, la primera en participar en unas elecciones democráticos, la primera en ganarlas... y la primera en sufrir los 'efectos colaterales' del sistema electoral. Al frente de UCD no consiguió la mayoría absoluta necesaria para evitar un pacto entre socialistas y comunistas que otorgó la Alcaldía a Jesús Málaga. Tres décadas después, no ve con resentimiento aquella situación, sería prácticamente imposible en su forma de ser, y acepta deportivamente las reglas del juego, ésas que también le han permitido ser concejal durante casi todas las legislaturas del Ayuntamiento charro. Pilar Fernández Labrador, siempre tan amable y dispuesta, es memoria viva de Salamanca.
 
“Tengo una habitación llena de libros”, bromea. Y es que “pasa el tiempo sin decirnos cuándo, pasa en las personas y los entornos, dos generaciones ya”. Una vida que despertó a la cultura bien joven, cuando Pilar hacía sus pinitos en el teatro, siendo diplomada en arte dramático y arte clásico, aunque “como había que comer y no dar disgustos a los padres”, también estudió la carrera mercantil. “Que una mujer estudiara arte dramático era un poco atrevido”, recuerda. Pero fue esa pasión por los escenarios lo que la llevó a conocer a su marido durante un estreno de ‘Tres sombreros de copa’.
 
Fue entonces cuando se levantó el telón de la escena política, a través de su pareja y durante uno de sus viajes a Europa, donde coincidió con nombres que hoy día están en la primera plana de la actualidad política. Allí, junto al ex ministro Javier Arenas y el actual responsable educativo, un joven José Ignacio Wert, descubrió el gusanillo de la política. “Pensé que desde la política podría trabajar por levantar ese amor por el arte”, explica. Y a fe que lo consiguió.
 
Una cultura reservada sólo para las Ferias y Fiestas
 
Aunque no pudo ser alcaldesa de Salamanca, durante tres décadas formó parte de la Corporación municipal, con responsabilidades en materia cultural en una ciudad que se ha transformado completamente. “Hablamos de una ciudad monumental, pero viva a todas horas, con una vocación hacia el futuro, que siempre está inacabado. Salamanca fue la antorcha del saber y después estábamos como dormidos, a gusto con nuestro pasado”. Por eso, no fue fácil acometer el primer acto. “Entonces los grandes eventos se reservaban para las Ferias, no había una programación estable. Cuando queríamos programar algún evento no había lugares ni plazas hoteleras. Si es que pisábamos los barros del Regato del Anís y Garrido prácticamente ni existía la mitad de lo que hay ahora. Pero el teatro salió a la calle y llegó también a los niños. Aquí se han visto exposiciones que no se vieron en el resto de Europa”.
 
Eran los años ochenta, cuando se empezó a dar protagonismo a los artistas locales al tiempo que se miraba hacia la vanguardia para que en Salamanca se pudiera ver lo que en el resto del mundo. Pilar Fernández recuerda que había muchas ideas, pero faltaban infraestructuras y sobre todo más apoyo económico de las administraciones. “Algunas colecciones pudieron salir adelante con aportaciones particulares. Más que los políticos, sin los salmantinos jamás nada hubiera sido posible”.
 
Grandes eventos para una gran ciudad
 
Al frente de la Concejalía de Cultura, se propuso que Salamanca fuera la gran ciudad cultural que merecía por su historia. Y llegó la oportunidad de demostrarlo con acontecimientos importantísimos durante el último cuarto de siglo. A la renovación del barrio antiguo siguió la declaración de Salamanca como Patrimonio de la Humanidad y la Capitalidad Cultural Europea. “Se consiguió un impulso especial con la involucración de los salmantinos pese a la desconfianza inicial”, recuerda, para añadir cómo fue un año frenético repleto de anécdotas donde el nombre de Salamanca resonó hasta en Japón.
 
La Capitalidad era un reto tras el éxito de Las Edades del Hombre, “ahora teníamos la mirada de Europa sobre nosotros, y sobre todo qué hacíamos para mantener la dignidad y la altura. Y lo conseguimos”. El remate llegó con el 250 aniversario de la Plaza Mayor y la Cumbre Iberoamericana. “Fue un punto de inflexión, al antes y el después. Estábamos adormecidos pero el despertar fue importantísimo. Salamanca ha alcanzado prestigio y muchos estrenos se han hecho aquí. La ciudad sacaba lo mejor de los artistas, se sentían estimulados”.
 
Un futuro de oportunidades
 
El desenlace condujo a Pilar Fernández Labrador a un retiro de la vida política hace un año, pero no de la vida cultural salmantina. “El envejecimiento es una grandeza, cuantos más años más valor, como las Catedrales”, bromea. Persona apasionada y comprometida, siempre dispuesta a servir a los demás, confiesa sentirse encantada de la vida, la que se sufre y se disfruta. Una pasión que puso en cada proyecto para que Salamanca diera el paso definitivo hacia el epicentro de la cultura. 
 
Ahora continúa colaborando con todos los proyectos que pasan por sus manos en la medida de lo posible. Incluso le han propuesto regresar a los escenarios que en su juventud protagonizó, porque aún queda mucha obra antes de bajar el telón. Porque “Salamanca ha conseguido ser reconocida no sólo por lo que ha sido y es, sino también por lo que en ella acontece”.

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