Vista la situación actual tanto de España como del resto del mundo empieza a calar en la sociedad la idea de los ciclos, que todas las situaciones con las que nos topamos ya las han vivido nuestros antepasados en un tiempo no muy lejano y que por ellas pasarán también nuestros descendientes en un futuro. El fenómeno que mejor ejemplifica esta sociedad cíclica es el de la emigración.

Entre los 40 y los 60 fueron miles de personas las que tuvieron que dejar España para buscarse un futuro en otro país, exactamente lo mismo que se está viviendo en el territorio nacional hoy en día. Una de esas personas que se buscó la vida fuera de nuestras fronteras es María Garrido, con la que ha hablado SALAMANCA24HORAS para conocer de primera mano cómo fueron sus 46 años vividos en Francia, y más concretamente en Lyon.

Unos recuerdos que comienzan con la gran añoranza que siente por el país vecino. “Me gusta muchísimo, siento nostalgia de Francia continuamente y no hay un solo día en el que no me acuerde de ella, de mis idas, de mis gentes. Si me tuviera que ir a vivir ahora no me importaría”, asegura con rotundidad.

Y es que hace tres años regresó a España después de ese exilio que iba para unos meses y terminó convirtiéndose en casi medio siglo. Por normal general, los inicios suelen ser duros para las personas que se tienen que marchar al extranjero, pero no para María. A pesar de reconocer que al principio el idioma y las costumbres le resultaron extraños, la adaptación no le resultó compleja.

Poco a poco se fue haciendo una vida en Francia desempeñando labores de cuidado de niños, encargada del hogar, sustituciones esporádicas en un comercio y traductora de cartas para españolas. Una vida francesa similar a la española, aunque con cierta dosis de mayor libertad.  “Francia y España son iguales y Salamanca es una provincia a pesar de todo. Allí tienes más libertad, nadie se mete contigo”, señala.

Dentro de la sociedad española destaca el cambio que se ha producido en este tiempo con los jóvenes, ya que antes eran “más cerrados y se hace un poco lo que se quiere”, algo impensable en su juventud: “En mis tiempos no podía hacer lo que quería”.

La capital del Tormes ha sido más conocida para los habitantes de Lyon, “se reían de mí porque siempre ponía a Salamanca por las nubes”, dice; al igual que la cultura francesa se acerca en estos días de su mano, “ahora se enfadan aquí porque digo que en Francia pasaba esto”. Una evidencia que deja a las claras la división existente en el sentir de esta salmantina: España y Francia, dos países unidos por el corazón de una mujer.

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