Unos cincuenta o sesenta miembros componen ya este grupo de apoyo que presta su ayuda a aquellos que por circunstancias económicas corren peligro de perder su hogar, pero ya alcanzan los noventa aproximadamente, si añadimos a aquellos que van y vienen, a los interesados o afectados que acuden a sus asambleas abiertas. Hoy la plataforma Stop desahucios ha querido hacer un llamamiento a todo el mundo para recordar sus actividades, y asegurar que todo se puede solucionar.

Además, han hecho un balance de estos últimos tres meses, desde febrero, en relación con todo el año pasado. En estos meses han logrado tres daciones en pago, frente a las seis de todo el año pasado. Además, han conseguido el primer alquiler social, ha señalado Imelda Hernández. También han podido reducir las cuotas de alquiler mucho más de lo normal, ni más ni menos que ocho cuotas, respecto a las cuatro del año anterior. A esto se suma que el banco, finalmente, ha devuelto un dinero cobrado injustamente, aseguran, a uno de los afectados.

Joaquín García, otro de los socios estables de Stop Desahucios, ha recordado que ya ha habido unos 40.000 desahucios en España de primera vivienda, y se ha referido a la acogida como algo fundamental. “Muchas personas vienen con cuadros de ansiedad, estrés y angustia”, ha dicho. Por eso, Stop Desahucios tiene a disposición de los afectados tres psicólogas voluntarias. Como novedad, están a disposición de cualquier afectado que lo necesite, vía e-mail.

Joaquín ha explicado el proceso a seguir de la plataforma, dejando claro que su primer acercamiento con el banco en cuestión es siempre amistoso. “Vamos a hablar con ellos, no nos dedicamos a montar gresca”. Si la negociación fracasa o no obtienen una respuesta satisfactoria, optan por la presión, un método que, asegura, “es un arma muy poderosa”. Para dejar constancia de sus actividades y de lo que pueden lograr con esfuerzo y constancia, una de las afectadas ha relatado su historia.

Montse Ricón comenzó a verse en problemas cuando su marido se quedó en paro y no podían afrontar gastos. “Fuimos a hablar con Caja Duero, y nos dijeron que no pasaba nada de momento, pero al poco nos llegó una carta de que debíamos una cuota”. Entonces decidió acudir a la plataforma, que propuso solicitar una dación en pago y un alquiler social. Montse no podía tampoco enfrentarse a la deuda pendiente que se le exigía. La afectada, que vive en Santa Marta, tuvo una reunión con el alcalde, y se presentó a un pleno para llevar su caso.

Finalmente, lograron negociar con el banco una cuota de 150 euros al mes. Sin embargo, cuando recibió su contrato, no todo era como habían imaginado. “El segundo año la cuota era de mil euros”. Junto a sus compañeros de la plataforma, se encerró en el banco para protestar durante más de ocho horas, y después de todo ello, consiguieron firmar un contrato que igualaba las condiciones del segundo año a las del primero, dación en pago y alquiler social.

El problema sigue siendo, han insistido los socios, que “ahora se conceden muchas reestructuraciones y pocas daciones en pago, y que las cuotas se bajan, pero ¿qué pasará de aquí a cinco años?” Aunque ganan simpatizantes, también, por otra parte, siguen preguntándose cómo es posible que la gente se escandalice al ver activistas encerrados en un banco para reivindicarse, y no cuando un banco arruina una vida. 

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