Si hay una procesión donde la meteorología es casi más importante que cualquier detalle de los pasos, ésa es la del Cristo de la Vela que cada Sábado Santo sale de la iglesia parrquial de Jesús Obrero. Durante cinco años consecutivos no pudo terminar su recorrido con motivo de la lluvia. Así, cuando el cielo dejaba a la hermandad salir en procesión, a los pocos metros tenían que darse la vuelta por alguna inesperada tormenta. Pero durante los dos últimos años han podido desfilar con normalidad. En esta ocasión, también.

A las cinco de la tarde salía la comitiva, primero el Paso de la Palabra, obra de 1989 de Enrique Orejudo, portado por jóvenes y niños, precediendo al Cristo de la Vela, obra anónima del siglo XX, y cerrando el cortejo en esta ocasión Nuestra Señora del Silencio. Pese a algunas tímidas gotas, el cielo permaneció sin lluvia durante la primera parte del recorrido, para encaminarse por la avenida de Villamayor en dirección hacia la Plaza Mayor. Tantas eran las ganas de ver una procesión en esta atípica Semana Santa que miles de personas, sobre todo turistas, han salido a la calle para disfrutar del penúltimo desfile antes de la procesión del encuentro del Domingo de Resurrección. No obstante, la procesión quedó algo deslucida a partir de la Plaza Mayor, cuando comenzó a llover y hubo que tapar las imágenes con sus correspondientes plásticos.

 
La Hermandad del Silencio es la primera que se forma en un barrio de la ciudad, el de Pizarrales, llegando su desfile procesional hasta el centro. Cabe destacar la excelente acogida del barrio a la agrupación de casi quinientos miembros, pues mayoritariamente sus cofrades son habitantes del mismo, convirtiendo el lugar en un sitio ejemplar de amor a la Semana Santa. 
 
Todo comenzó durante una conversación bajo las bóvedas catedralicias el 5 de abril de 1985, en los momentos previos al desfile procesional de Nuestra Señora de la Soledad. "Nos fijábamos ese día, en las distintas figuras y advocaciones dolorosas de Cristo y su Madre, y hacíamos cábalas intentando contemplar la Semana Santa, en ese momento maltrecha por la bajada en sus filas de hermanos y la suspensión de algunas de nuestras hermandades. Para la constitución de la Cofradía teníamos la necesidad de una imagen y no fueron pocos los lugares visitados y las conversaciones realizadas en toda la ciudad y en diferentes templos, no obstante la negativa era el resultado común a nuestros esfuerzos", explican sus integrantes.
 
Lo que quedó como cambio de impresiones y anécdotas  se convirtió en realidad el 18 de mayo de ese mismo año, día en que se reunieron esas 23 personas en asamblea y, tras elegir una coordinadora encargada de redactar Estatutos comenzaron a dar los primeros pasos para legalizar la Hermandad y conseguir su aprobación. El 22 de agosto de 1985 se aprobaron y el 2 de enero de 1986 quedaba reconocida  como Hermandad por el obispo Mauro Rubio, en su sede de la iglesia de Jesús Obrero de Pizarrales, como la Hermandad del Silencio.

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