Las primeras imágenes que atravesaron el globo dibujaban la presencia de tanques del ejército turco bloqueando los accesos a los puentes que cruzan el estrecho del Bósforo. Los sublevados tomaron posiciones en el centro de Ankara y se hicieron con el control de los aeropuertos. La televisión avanzaba el pronunciamiento militar y la información comenzó a fluir confusa en todas las direcciones. Para el imaginario colectivo y los libros de Historia quedará la imagen del máximo mandatario otomano, Recep Tayyip Erdogan, arengando a sus seguidores a salir a la calle para contener el golpe, desde un teléfono móvil sujeto por una conductora de telediario.

Mientras, un vuelo procedente de Tokio se dirigía al aeropuerto de Estambul. Allí debía hacer escala el salmantino Carlos Martín antes de retornar a Barajas y finalizar así su viaje por Japón. Días antes, el 5 de julio, había volado al país nipón para continuar con su formación en el campo de las artes marciales haciendo un tour por diferentes ciudades japonesas. Carlos dirige desde hace más de diez años una escuela de artes marciales tradicionales y entre ellas se encuentra el Aikido, cuya sede mundial está en Tokio. Tras varios días de entrenamiento y relaciones profesionales en la capital japonesa tocaba regresar a casa.

Faltaba una hora para aterrizar en suelo turco cuando la 'CNN', que se reproducía en los monitores del avión, comenzó a informar sobre el intento de golpe de Estado en Turquía. "Avisamos al pasaje ya que el avión seguía rumbo a Estambul". Carlos recuerda que las azafatas mostraron su ignorancia a cerca del asunto y trataron de transmitir tranquilidad a los pasajeros. A los pocos minutos, el avión comenzó a desviarse y el piloto comunicó por la megafonía del aeroplano un nuevo destino, el aeropuerto de Antalya al sur del país.

Una vez en tierra, los pasajeros del vuelo de Carlos García, incluido él, pasaron ocho horas sin recibir ningún tipo de explicación ni información. En las calles de Ankara y Estambul se dirimían las posibilidades de éxito del golpe militar del ejército turco, proclive a asumir el mando del país como garante de la laicidad del Gobierno. La deriva islamista de Erdogan y sus recortes en las libertades de la ciudadanía habían polarizado a la población. Carlos fue trasladado a una terminal satélite "totalmente abandonada". Allí pasó otras diez horas junto a unas 3.000 personas procedentes de diferentes vuelos.

La pobre actuación de la Embajada y el Consulado

Los ciudadanos españoles allí confinados trataron de organizarse para ponerse en contacto con la Embajada española y el Consulado. "Les enviamos un mail con el listado de los españoles que allí nos encontrábamos". Carlos relata que sí hubo respuesta por parte de los órganos gubernamentales aunque lamenta que ésta fue de total pasividad, según sus palabras. "Nos pidieron que les siguiéramos informando y que siguiéramos las recomendaciones de la compañía aérea y las autoridades turcas. Dijeron que ellos no podían hacer más. ¿Más? Contestar a un mail de forma automática fue lo único que hicieron", denuncia.

Diez horas más tarde algunos viajeros fueron trasladados a diferentes hoteles de las cercanías. "Nuestro vuelo y otro más permanecimos otras dos horas sin saber por qué no nos evacuaban a nosotros también", recuerda. Finalmente, fueron dirigidos a otro avión y volaron a Estambul, una vez hubieron encontrado sus maletas, después de buscarlas por la pista de aterrizaje entre las de los pasajeros de los seis vuelos que fueron desviados allí.

"Al llegar a Estambul el panorama no mejoró". Carlos describe nuevas colas de entre ocho y diez horas hasta que consiguieron reubicar a todos los pasajeros que habían perdido sus vuelos. "Interminables y lentas colas en las que no había ni información". Según su testimonio, trataron de hacer averiguaciones por su cuenta y decidieron sacar el visado turco para salir al exterior del aeropuerto y probar suerte para gestionar su billete en las oficinas exteriores de la compañía aérea con la que habían volado.

Final feliz

"Suponíamos que en esas oficinas habría menos gente y de ese modo podríamos asegurar nuestra plaza en el primero de los vuelos de vuelta a casa", argumenta Carlos García que recuerda que otro ciudadano español durante la cola, les había relatado que su vuelo se había cancelado tras doce horas de espera para conseguir el billete, y había tenido que volver a empezar la espera.

"Por suerte el plan nos salio bien y pudimos obtener nuestro billete en las oficinas externas, pasamos de nuevo los controles de seguridad y pudimos embarcar en el siguiente vuelo con destino Madrid". Carlos reconoce que tuvieron mucha suerte después de todo, aunque lamenta que tras dos semanas de duros entrenamientos y visitas por el país del sol naciente, tenga que hablar de esto.

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