Este diario continúa con la serie semanal que tiene como objetivo mostrar las más singulares colecciones que numerosos salmantinos salvaguardan. Los capítulos anteriores estuvieron relacionados con el fútbol, aunque en esta ocasión y por vez primera, el deporte rey queda a un lado para ver una asombrosa colección de tazas de toda forma y condición hasta completar la vuelta al mundo en 154 desayunos. De Salamanca a León, pasando por París, Buenos Aires o Japón.

Experiencias que merecen permanecer en el recuerdo cuando irremediablemente escapan de la retina. Sensaciones revividas a golpe de vista al contemplar objetos carentes de valor, pero repletos de significado. De viaje. Una puerta que se abre a la ilusión, al conocimiento en su sentido más amplio. Allí y allá. Donde se permite soñar con una vida diferente, meterse en zapatos ajenos, aunque sea en sandalias. A Vega Hernández lo que más le gusta es viajar, no le cuesta reconocerlo. Tampoco le gusta olvidarlo. Y así empezó todo. A miles de kilómetros de casa, cuando el recuerdo que había que dejar patente, no era otro que el del hogar.

?Empezamos con esta taza, reza 'Best Daddy In The Universe', fue un regalo que mi hermano y yo le hicimos a mi padre al volver de un verano en Salisbury, donde estuvimos para aprender inglés?. Los intercambios a Inglaterra se repitieron en veranos sucesivos, y claro, no se deben abandonar las buenas costumbres adquiridas, como volver a casa con un presente para sus padres. ?Lo que había eran tazas?, se ríe. ?Pero a mí me gustó la idea de traer una taza en cada viaje que hiciéramos?.

Toda la familia dispuesta al efecto y la colección fue tomando forma. ?Esta de Túnez la trajo mi hermano al volver de su viaje de fin de curso con el colegio, recuerdo que yo fui a Praga y me traje una de Karlo Vivari, es una ciudad balneario en la región checa de Bohemia?. Cuando se hace una colección se trata de huir de lo manido, buscar la peculiaridad, aunque coleccionar sea en sí todo un tópico. Hay tazas realmente curiosas. ?Esta es negra pero cuando le pones un líquido caliente, aparece una foto de los amigos que me la regalaron?. Y sí. Asombroso.

Pero como cierto es que cuatro ojos ven más que dos, cuantos más viajeros, más tazas. ?A la gente que venía a casa le llamaba la atención la colección, porque es bastante curiosa, y empezaron a querer colaborar. Nos han traído tazas de sitios realmente lejanos como esta de Canadá, que me la trajo un compañero de clase?. Los amigos lo son sin importar desde cuándo y se pueden hacer incluso propiamente de viaje. ?Una de las últimas ha sido esta que pone 'Sonríe y la vida te sonreirá' que me la regaló una chica que viajaba conmigo en coche compartido, y después de coincidir en varias ocasiones, un día me sorprendió con este detalle y me hizo muchísima ilusión?.

Vega ha viajado a menudo. Parte de sus estudios los ha completado en el extranjero. Estuvo con una beca Erasmus en París y como estudiante de intercambio en Montevideo. ?Esta de Argentina me representa mucho porque sale Mafalda, que es una de mis grandes aficiones?. La paradoja cabe en cualquier sitio, también en una maleta. ?Tengo de Santiago de Chile, de Buenos Aires, de Valparaíso y de Viña del Mar. Pero fíjate, me falta de Uruguay, una de Montevideo es la que más echo de menos?. También asegura que está esperando a ver si hacen de Piornal, en Extremadura, que todavía no ha encontrado.

El único continente que no tiene representación en la colección de tazas de Vega es Oceanía. ?Aún caben?, dice. Le gustaría poder traer más, aunque explica que estando en París cayó en la cuenta de que era necesario reestructurar la colección, porque igual que no todo el monte es orégano, no todo el alicatado son baldas. ?Empecé a buscar tazas pequeñas. Tengo una pequeñita de París, también de San Sebastián, del Mar Menor y de Oporto?

Y entre tanta taza, para rematar cabe un tazón. ?De lo más especial para mí es el tazón de Japón, me lo trajo una amiga y yo creo que es el más lejano, también tengo esta taza de Malasia?. Ha recibido la promesa en firme de Ciudad del Cabo y de Nueva York, tal vez cabría recordar el tema del espacio.

 

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