Una buena gestión del agua y la biotecnología agrícola, "claves para la adaptación al cambio climático"

El investigador afirma que se derrocha mucha agua, por lo que hay que utilizar la tecnología que está a disposición de los agricultores y gestores del agua y aplicarla

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Una de las líneas de investigación que se desarrollan en el Instituto Hispano-Luso de Investigaciones Agrarias, CIALE, se centra en los recursos hídricos, con el estudio de los procesos hidrológicos y el campo global; interacciones hidrológicas suelo-planta y teledetección aplicada a hidrología y agricultura. Al frente del grupo de investigación se encuentra el investigador y director del CIALE, José Martínez Fernández. 

Este grupo investigador publicó el pasado año un innovador estudio sobre sequía agrícola aplicado a escala mundial 'SMADI' o índice de sequía agrícola basado en humedad de suelo, una herramienta que se revela como un excelente indicador para las situaciones de sequía en diferentes condiciones bioclimáticas y geográficas del planeta. 

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El trabajo, recogido por la prestigiosa revista Agricultural and Forest Meteorology presenta como principales novedades la utilización de tres indicadores de sequía que abarcan el conjunto “atmósfera-planta-suelo en lugar de los típicamente usados datos meteorológicos” y, por otra parte, que esos indicadores se obtienen únicamente mediante “datos de observación remota, es decir, mediante teledetección”, explicó la científica ideóloga y responsable del proyecto, Nilda Sánchez Martín,. Ahora, el objetivo final del grupo es demostrar la aplicabilidad de su estudio para las agencias meteorológicas y el sector agrícola. Gracias a su simplicidad y disponibilidad el índice puede integrarse con otros indicadores climáticos complementando, así, las estimaciones de sequía que los expertos realizan actualmente desde otras perspectivas.  

El agua es, cada vez más, un recurso escaso pero, ¿llueve menos por el cambio climático?

Depende de donde se analice. En España la lluvia media, prácticamente, no ha oscilado nada en los últimos 100 años, pero la precipitación es de manera diferente. Hay una dirección muy clara, cae la misma cantidad, pero con mayor intensidad y en menos tiempo. Cae la misma agua, pero no de la misma manera y eso tiene repercusiones, porque es agua menos aprovechable y entraña riesgos en el caso de episodios torrenciales que de vez en cuando aparecen. Sin embargo, manteniéndose la cantidad de precipitación, lo que sí está cambiando es la temperatura, hay un proceso de calentamiento generalizado. La temperatura no para de aumentar, también lo hace la evaporación y la evapotranspiración, el resultado del balance es claro, si llueve igual pero se evapora más, habrá menos agua. Esto significa que los cultivos se ven sometidos a estrés hídrico con mayor intensidad con el paso del tiempo. Los investigadores buscamos conocer los procesos, anticiparnos con herramientas que pueden servir para adaptarnos a esos cambios.

Y ahí juega un papel clave el trabajo de los investigadores, con cultivos más resistentes.

La manera de adaptarse al cambio climático viene desde dos perspectivas en el campo de la agricultura. Por un lado, mediante una buena gestión del agua en la agricultura y, por otro, de la mano de la biotecnología agrícola, que los cultivos tengan mejores condiciones para resistir esos cambios y puedan sobrevivir y estar en condiciones óptimas, aunque sean adversas. Que sigan produciendo, incluso aprovechando las nuevas condiciones climáticas para un rendimiento óptimo.

¿Se gestiona correctamente el agua destinado al riego?

Se derrocha mucha.

¿Cómo se puede evitar?

Hay que utilizar la tecnología que está a disposición de los agricultores y gestores del agua y aplicarla. Se siguen utilizando técnicas y procedimientos del pasado. Hay que hacer lo posible porque haya un cambio de actitud y se dejen de utilizar métodos y sistemas obsoletos. No es admisible que teniendo la tecnología y el conocimiento no se aprovechen, porque eso va en beneficio del agricultor porque utilizará solo el agua que necesita y un beneficio añadido al gastar menos energía y agua con mayor rendimiento. O se va por ahí, o la agricultura se queda desfasada.

¿Puede cambiar la tendencia actual, se ve optimista?

Sí y no. Sí porque tenemos las herramientas para hacer que las cosas funcionen, pero no se ve una voluntad decidida. Y soy menos optimista porque el tiempo va en contra, si no se hace nada, dentro de un tiempo no se podrá hacer porque no quedará nadie en el campo.

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