Al menos, cumple diez meses en el cargo de forma oficial ya que, desde tiempo atrás ya se vio obligado por las circunstancias y por su conciencia a tomar las riendas de un entramado que corría el riesgo de deshacerse.

Sin ir más lejos, de no haberse implicado con decisión, el primer efecto habría sido la pérdida de unos 100.000 euros en subvenciones cuyos plazos vencían para la Junta Pro Semana Santa, cuyo desfase presupuestario ya rondaba los 135.000 euros.

Queda lejos la Semana Santa de 2013 pero, en una ciudad como Zamora, donde miles y miles de personas contabilizan los días que transcurren entre una Pasión y otra, no se olvidará fácilmente la desazón vivida en los meses previos.

Ni siquiera las insistentes lluvias, que deslucieron o, incluso, impidieron media docena de desfiles hace unos meses, fueron tan ominosas como el triste y sorprendente espectáculo de pugnas y desencuentros que presenciaron los zamoranos y, lo que es peor, los forasteros, con la participación de unos y la aquiescencia de otros, que hizo recordar a las altas instancias que ni una sola hoja amarillea sin el silencioso consentimiento del resto del árbol.

En un mundo cada vez más competitivo, incluso en el apartado de la Semana Santa, los responsables de las pasiones de otras provincias y de otras regiones contemplaban con estupor lo que ocurría en Zamora y se preguntaban dónde había quedado el diálogo, el amor fraterno, la caridad y hasta la espiritualidad y el respeto.

La Junta Pro Semana Santa de Zamora estaba sumida en una insólita crisis económica y social, había emprendido un camino aparentemente sin retorno y se encontraba herida de gravedad. En ese contexto, y después de la moción de censura presentada contra José Francisco González Poza, el anterior responsable, la Junta Pro Semana Santa quedaba oficialmente presidida por Antonio Martín Alén. “Las cosas, con ilusión y con compromiso propio y de la directiva y los presidentes de las cofradías, se asumen del mejor modo”, indica a Zamora24horas. “En Zamora somos muy vehementes en cuanto a la Semana Santa y habían surgido muchos avatares que perjudicaban a la Pasión y a la comunidad religiosa. Me vi elegido y era necesario tirar hacia delante”, añade.

-No pudo llegar al cargo en un contexto más complicado

Es verdad. Creo que la crisis económica también salpicó a la Junta Pro Semana Santa y a la Semana Santa. Las cuentas en este apartado son distintas a cualquier otro tipo de cuentas. Hay que echarles amor propio, ilusión y apoyo y lo estamos teniendo hasta ahora.

-¿Cuándo se dio cuenta de que no le quedaba otro remedio más que hacerse cargo de la Junta?

No creo que fuera el último recurso. Cualquier otro compromisario que hubiese accedido a ocupar ese puesto habría hecho lo mismo. Aquí ha habido un momento que ha influido muy positivamente en toda la Semana Santa, que ha sido la confección de los nuevos estatutos, que están en marcha. Ahí ha habido una oportunidad de confraternización, amistad, hermanamiento, de conocernos todos los presidentes, y estoy seguro de que ése ha sido el momento más importante de la Junta Pro Semana Santa. No ha sido de espaldas a la Iglesia pero sí personal y particular de todos los presidentes. Esos casi cuatro meses en los que hemos compartido frío, porque nos reuníamos con frío, hemos comido muchas patatas fritas… Eso nos ha unido y nos hemos dado cuenta de lo que tenemos entre manos y lo que tenemos que compartir.

-Si esto fuera política, la transición habría sido buena. Usted presume de ser ‘presidente de transición’.

Sí. Así lo dije siempre. Se han confeccionado unos estatutos, que entregaremos estos días al Obispado de Zamora para que les dé el beneplácito y las correcciones que se crean oportunas. Entonces, tendré que convocar unas elecciones para que haya no sólo un nuevo presidente sino también un nuevo organigrama que rija la Semana Santa.

-¿Ya están listos?

Prácticamente. Un abogado miembro de la Junta los está corrigiendo y dándoles un sentido acorde con el Derecho Canónico por el que nos regimos. Las dieciséis cofradías nos comprometemos. Yo soy presidente de una cofradía pequeña, la Hermandad de Penitencia, formada por 150 hermanos y cuando estás dentro de la Junta Pro Semana Santa te das cuenta de que hay que echar mucho tiempo por parte de todos los presidentes y que necesitas el apoyo directo de todos ellos.

-¿Qué pasará con usted cuando termine este proceso?

Cuando se convoquen las elecciones, me iré a mi sitio, donde he estado siempre y dispuesto a lo que me llamen. Si tengo que barrer, seré el primero en coger la escoba.

-¿Cuál es su mayor logro?

Que me hayan permitido los presidentes de la Semana Santa haber podido sacar adelante todo esto. El primer paso fue pedir un crédito porque había muchas empresas a las que se debía dinero desde 2008 y se nos exigía el pago inmediato con amenazas de burofax y demás. La Junta Pro Semana Santa nos permitió a la directiva poder solicitar una línea de crédito, gran parte de la cual hemos destinado a pagar esas deudas. Tengo que agradecer al Ayuntamiento, la Diputación y la Junta de Castilla y León las subvenciones, sin las que no podríamos mantenernos. Con ese dinero, que ya tenemos en su integridad, hemos podido dar pie a amortizar el crédito que tenemos solicitado.

-El 26 de octubre cumple diez meses en el cargo pero llevaba más tiempo apagando fuegos. De hecho, sin su participación, se habrían esfumado 100.000 euros en subvenciones.

Es que las solicitudes para los créditos vencen el 31 de diciembre. Si el señor obispo no me hubiera nombrado presidente, no podríamos haber accedido a la solicitud de esos créditos.

-¿Hasta qué punto se puede potenciar la Semana Santa sin incidir en la difusión del mero espectáculo?

Me atrevo a decir que es difícil diferenciar esa línea. Van unidas e implícitas la devoción y la tradición. ¿Hasta dónde pueden llegar una y otra? Creo que muchos de los hermanos, y me incluyo, salimos dentro de la devoción y dentro de la tradición. Para mí, personalmente, lo primero es la devoción pero no podemos olvidar que mucha gente que viene a Zamora, que es con lo que se mide, por desgracia, el baremo de la salud de la Semana Santa, es la tradición. Cuanta gente ha venido a Zamora, cuánto se han llenado los hoteles… Pero hay que mirar, más interiormente, la fe.

-Entre los momentos más intensos de los últimos meses figura para usted la conversación con el Papa Francisco, al que entregó una réplica del cimborrio de la Catedral de Zamora, dentro de la Jornada Mundial de Cofradías y Religiosidad Popular en la que participó en Roma.

Sin duda. Para mí fue una sorpresa llegar a Roma y que fuese yo uno de los elegidos. Me di cuenta de la importancia que tiene la Semana Santa de Zamora fuera de Zamora. Deberíamos quererla mucho más los zamoranos. La presencia y el contacto directo con el Papa te dice la clase de persona que es. Cuando iba a agacharme ante él para besarle el anillo, no me dejó. Tiró de mis manos hacia arriba y no me permitió agacharme y eso dice muchísimo de una persona, mucho. El trato y la conversación fue de tú a tú, con una persona cualquiera. Le invité a la Semana Santa de Zamora y me dijo que qué más querría él que venir. La conocía, por cierto, porque había estado en España.

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